Bruselas, siempre fascinantePor Georges RouzeauBruselas está que no para: su intensa vida cultural llegará a su cúlmen en 2007, cuando se celebre el aniversario del Tratado de Roma. Del Atomium a la Central Eléctrica, del modernismo a la historia de Bélgica, le invitamos a realizar un recorrido por algunos de los lugares que han sido (re)abiertos en los dos últimos años. ![]() © G. Rouzeau / ViaMichelin El AtomiumPoco importa que lo haya visto fotografiado mil veces: la impresión que causa el Atomium "en persona" es digna de Encuentros en la tercera fase. Nada más salir de la estación de metro Heysel nos encontramos con su inmensa silueta suspendida en los aires. El edificio de metal, diseñado con motivo de la exposición universal de 1958 por el ingeniero André Waterkeyn, representa un cristal de hierro ampliado 165.000 millones de veces: si las esferas son los átomos, los enormes tubos que unen una esfera con otra son las valencias. Esta estructura de 100 m de altura encarnó en su momento el triunfo de la ciencia y la industria. Hoy, convertido en atracción turística, vuelve a abrir sus puertas (el pasado mes de abril) tras una profunda obra de restauración-reconstrucción. El coste presupuestado era tal que a punto estuvo Bruselas de perder para siempre uno de sus símbolos más queridos. Para conmemorar este renacer se han emitido cinco millones de monedas de dos euros con la imagen del Atomium. ![]() © G. Rouzeau / ViaMichelin La visita se hace en dos partes. La primera consiste en subir en ascensor -que en 1958 era el más rápido del mundo- hasta la última planta, desde donde se divisa una extraordinaria panorámica de Bruselas y sus alrededores y donde se encuentra el restaurante del Atomium, una (muy buena) sorpresa (leer artículo). La segunda parte, la bajada, se hace pasando de una esfera a otra: el recorrido permite admirar la ya pasada modernidad de este Leviatán de la siderurgia. Una de las esferas acoge una exposición dedicada a la muñeca Barbie. Se han visto cosas mejores en el Atomium, nos acordamos en concreto de una fabulosa retrospectiva dedicada a los años 50. No olvide la cámara de fotos: una y otra vez se le presentará la oportunidad de atrapar un momento, una imagen, una atmósfera dignos de las películas y novelas de ciencia-ficción que se hacían y escribían en los 60. ![]() © G. Rouzeau / ViaMichelin Museo BelvueEste museo inaugurado en presencia de los soberanos belgas hace año y medio está consagrado a la historia de Bélgica, desde la revolución que le dio origen en 1830 hasta la creación del estado federal, pasando por el final del imperio colonial del Congo. Los aficionados a la historia disfrutarán tanto por la calidad de los documentos originales expuestos, como por la museografía: clásica y rigurosa a la vez pero haciendo uso de los recursos más modernos. Paralelamente, los pasillos del museo hacen un recorrido por la historia de la monarquía belga, de Leopoldo I a Balduino. En una vitrina puede verse incluso la cuerda rota y un trozo de roca contra la cual Alberto I, alpinista aguerrido, se partió el cráneo el 17 de febrero de 1934 en Marches-les-Dames (inmediaciones de Namur). Toda una lección de historia en un edificio que es en sí mismo un trozo de la misma, ya que el antiguo hotel de Belvue fue edificado a finales del s. XVIII sobre las ruinas del antiguo castillo de los duques de Brabante (s. XI), que sirvió como palacio a los duques de Borgoña y al emperador Carlos V y sus descendientes. Como hotel, el edificio vio pasar a personajes no menos ilustres: sirvió como residencia a la princesa Clementina (1909) y al futuro rey Leopoldo III justo después de su boda con la princesa Astrid (1926-1930). La visita se completa con la del yacimiento arqueológico del antiguo palacio de Bruselas, situado justo bajo sus pies. ![]() © G. Rouzeau / ViaMichelin Antiguo palacio de Bruselas, yacimiento arqueológico de CoudenbergEn cierta manera, el antiguo palacio de Bruselas, situado por debajo del Museo Belvue, no tiene "nada que ver": sólo viejas piedras, bóvedas, paredes derruidas, los cimientos de una capilla, ventanas condenadas. La visita sin embargo pone de manifiesto de forma casi palpable los inmensos cambios que trae consigo el implacable paso del tiempo. Durante siete siglos, la colina de Coudenberg, justo por encima del actual centro de Bruselas, acogió una residencia real. A lo largo de su historia, el palacio fue habitado por Felipe el Bueno y Carlos V, que abdicó aquí en 1555. En 1731, los graves daños causados por un incendio motivaron la completa demolición del edificio. Las obras de reacondicionamiento que siguieron fueron modelando el barrio real hasta darle la forma que hoy conocemos. Una visita apasionante. ![]() © Philippe Degobert La Centrale ElectriqueComo su nombre indica, este gran edificio de ladrillo rojo de 1.000 m2 es una antigua central eléctrica de principios del s. XX, convertida hoy en centro de arte contemporáneo. Esta institución, apenas inaugurada, se encuentra en pleno centro, en la place Sainte-Catherine. La fachada ecléctica alterna sillares de piedra blanca y azul y presenta grandes ventanales metálicos que le confieren monumentalidad y severidad. La fachada contiene asimismo referencias a la torre de la antigua iglesia de Sainte-Catherine, situada en la misma plaza. Como en otros lugares de este tipo (cf. la Centrale Montemartini de Roma), las obras de restauración se han limitado al mínimo imprescindible: la mayoría de las infraestructuras siguen viéndose en el lugar donde siempre estuvieron, mientras que sólo se han añadido algunos falsos techos. La Central recibe la luz del día a través de varias vidrieras situadas a más de 9 metros por encima de nuestras cabezas. En el momento de nuestra visita, una exposición titulada Zoo exploraba las relaciones entre el hombre y el animal en el arte contemporáneo. Se abordaban por ejemplo los temas de la clonación (Pascal Bernier), la cría industrial de truchas (Damien Odoul) o la belleza del animal y su radical alteridad y se ridiculizaba la megalomanía encarnada por una estatua ecuestre con el uso del poliestireno (Jean-François Gavoty). Esta Central pretende ser un lugar abierto a todos, lejos del elitismo que suele imperar en el mundo del arte contemporáneo. A partir del mes de diciembre, el lugar acogerá una selección de fotografías procedentes de los Encuentros bienales de Bamako, la mayor manifestación dedicada a la fotografía en África. ![]() © M. F. Plissart Maison AutriqueEsta casa de 1893 fue la primera realización del arquitecto Victor Horta. El que habría de convertirse en gran genio belga del Modernismo dio sus primeros pasos en esta casa destinada a su amigo Eugène Autrique. Tres meses más tarde, Horta firmó todo un manifiesto modernista al construir la casa de Émile Tassel, cuya planta desafía radicalmente la distribución clásica de las estancias dentro de la residencia tradicional de Bruselas. Restaurada con cuidado y pasión, decorada con muebles de época, la Casa Autrique sigue siendo clásica. La puerta de entrada, situada a un lado de la fachada, da acceso a un largo pasillo lateral por el que se entra a tres habitaciones situadas una a continuación de otra: el salón, en el lado de la calle; el comedor, en el centro; y la veranda, asomada al jardín. La casa Autrique conserva esta distribución, por lo que puede visitarse también como un ejemplo típico de casa burguesa bruselense de finales del s. XIX. Aunque el arquitecto todavía se muestra tímido, el empleo del hierro, la cerámica y la luz empieza a prefigurar las líneas maestras de su obra posterior. Los autores de cómics François Schuiten y Benoît Peeters, creadores del ciclo de las Ciudades oscuras, han participado en la puesta en escena. Esta colaboración se nota sobre todo en el desván, donde la loca de la casa -como se suele conocer a la imaginación- ha elegido residencia para mayor regocijo de los pequeños. Si la arquitectura bruselense de principios del s. XX le apasiona, vaya hasta la avenida Léon Bertrand, saliendo de la Maison Autrique a la derecha. Esta avenida trazada en 1905 presenta una gran coherencia arquitectónica, hecho raro en Bruselas. Léon Spilliaert, un espíritu librePuede que el gran dramaturgo Michel de Ghelderode acusara a su país de no ser más que un "aborto de la diplomacia de 1815"... Tal lindeza no ha impedido a este país (pequeño sólo en tamaño) dar al mundo enormes artistas orgullosos además de haber nacido en tierra belga. Sirva de ejemplo la retrospectiva organizada por los Museos Reales de Bellas Artes que permite (re)descubrir la obra del pintor y dibujante Léon Spilliaert (1881-1946), natural de Ostende. Lector de Nietzsche y Lautréamont (cuando en Francia ni siquiera se conocían Los cantos de Maldoror), amigo de Maurice Maeterlinck y Emile Verhaeren, Léon Spilliaert sigue siendo un artista inclasificable cuyo angustiado universo se suele comparar con el de De Chirico. Sus tintas y pasteles recrean con refinada meticulosidad el mundo silencioso de los objetos mientras que en algún rincón del papel se agita una forma vagamente humana. Hotel Crowne PlazaEste hotel conocido en Bruselas como "Le Palace" data de la Belle Époque y es uno de los cinco estrellas históricos de la capital europea. Situado por encima del Jardín Botánico, el edificio acaba de salir de una profunda y completa obra de renovación que le ha devuelto su estilo modernista vienés. Para llegar desde aquí al centro y a la Gran Plaza basta dar un paseo de 10 minutos (a pie) por la avenida Adolphe Max o por la rue Neuve, repleta de tiendas y viandantes. Desde la estación de metro Roegiers se llega fácilmente al barrio de las finanzas y al Atomium. El hotel pone a su disposición 358 habitaciones amplias, climatizadas y con todos los equipamientos propios de un hotel moderno. El establecimiento se completa con un restaurante y una cervecería. Información prácticaOficina de turismo de Bruselas: www.brusselsinternational.be Atomium, boulevard du Centenaire www.atomium.be/. Square de l'Atomium, 1020 Bruselas. Tfno. 00/32-2-475 47 77, Fax: +32-2-475 77 79, Email: info@atomium.be. Metro línea 1A, dirección Heysel. Museo Belvue, place des Palais, B-1000 Bruselas, www.belvue.be. Metro: estaciones Parc, Trône, Porte de Namur, Gare centrale; tranvía: 92, 93, 94. Antiguo palacio de Bruselas, yacimiento arqueológico de Coudenberg, place des Palais 7, B-1000 Bruselas, tfno. +32 (0) 2 545 08 00, info@coudenberg.com, www.coudenberg.com. Pida una entrada combinada con el Museo Belvue. Maison Autrique, chaussée de Haecht, 266. 1030 Bruselas. Tfno. 02/2156600, info@autrique.be, www.autrique.be. Tranvías 92 y 93 (Saint-Servais) o 90 (Robiano) Autobuses: 65 y 66 (Robiano) o 59 (Herman). Abre mi-do 12-18 (última admisión a las 17.30). Central Eléctrica, 44, place Sainte-Catherine. Abre mi-do 11-18 (ju 11-20). www.brupass.be. Léon Spilliaert, un espíritu libre, hasta el 4 de febrero de 2007, www.expo-spilliaert.be/. Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica: www.fine-arts-museum.be. Hôtel Crowne Plaza "Le Palace", rue Gineste, 3, 1210 Bruselas. Reservas: 0800 917 164; recepción: 32-2-2036200; fax: 32-2-2034011; e-mail: reservations@cpbxl.be. |