Revista - 01/04/05

   

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Turismo y Gastronomía
Gante, una ciudad del Norte con temperamento sureño

Por G. Rouzeau

Gante tiene todo para seducir. La ciudad natal de Carlos V es rica en historia y en sus innumerables bares, de los más alternativos a los más tradicionales, bulle una animada vida estudiantil. Inmersos en la poesía de sus viejos barrios descubriremos, a la vuelta de cada esquina, algún lugar donde iniciarnos al arte culinario flamenco.
© G. Rouzeau / ViaMichelin
La monumental casa de la "asociación de trabajadores socialistas"
Durante mucho tiempo el renombre Gante se ha visto eclipsado por el prestigio de Brujas, su eterna rival. Ironía del destino, acabada la edad de oro medieval, Brujas se sumió en un periodo de estancamiento seguido de un declive que la transformó rápidamente en "ciudad museo". Paralelamente, Gante se convertía en una gran ciudad industrial (ss. XVIII y XIX). Esta prosperidad sin embargo, unida a los negros humos de sus fábricas, estuvo a punto de engullir su patrimonio. Por suerte, las numerosas iniciativas de restauración surgidas en los años 80 han permitido limpiar las fachadas de los principales monumentos y rescatar, por ejemplo, el Patershol, el barrio tradicional de los tejedores desde el s. XII.

Conocida también como la Ámsterdam de Flandes, Gante es famosa por su vida nocturna estudiantil, que transcurre en un sinnúmero de bares, cafés y tascas. Otra de las señas de identidad de sus habitantes es su rebeldía. Esta reputación de insumisos hunde sus raíces en el s. XIII, cuando los representantes del pueblo los poderosos gremios plantaron cara al poder feudal. Mucho más tarde, durante la revolución industrial, la ciudad se convirtió en el bastión de la lucha obrera en Bélgica. La monumental casa de la "asociación de trabajadores socialistas" (Socialistische Werkersvereenigingen, Ons Huis), construida en 1900 y situada en el Vrijdagmarkt (mercado del Viernes), es testigo de aquella época. Hoy, esta pequeña ciudad sigue siendo un gran pueblo donde los vecinos se saludan y donde subsiste una cierta mixtura social.

Un patrimonio rico y ecléctico
© Dienst Toerisme Gent
St-Baafskathedraal (catedral de San Bavón)
Nada de esto debe inquietar sin embargo a los amantes del arte y la arquitectura: la ciudad natal de Carlos V conserva en su centro, enlazados por los meandros del Lys, monumentos notables y tesoros artísticos de primera magnitud. Entre todas las ciudades flamencas, la llamada ciudad de las tres torres presenta un gran eclecticismo arquitectónico que nos lleva de la fortaleza medieval al palacete rococó pasando por el modernismo precursor del Bauhaus.
 
Conocido como la "cuba", el centro histórico de Gante no tiene más de un kilómetro de radio y se recorre fácilmente a pie. Empiece por la St-Baafskathedraal (catedral de San Bavón), que alberga una de las obras iniciadoras de la pintura occidental, el Político de la Adoración del Cordero Místico de los hermanos Van Eyck. Ante tal obra maestra, la primera en utilizar el óleo para mezclar los pigmentos sobre el lienzo, sobra toda tentativa de explicación. La cripta, la mayor de Flandes, hace las veces de museo de Bellas Artes mientras éste permanece cerrado: son muchos los artistas expuestos dignos de mención, de Justo de Gante a Roger Van Der Weyden pasando por El Bosco, del que se admira una extraordinaria crucifixión llamativa por su composición en primer plano.
© Dienst Toerisme Gent
El Stadhuis (ayuntamiento)
Al salir se topará con el Belfort, una robusta pero esbelta torre rectangular de 91 m de alto: su altivez ilustra a la perfección, aún en estos inicios de siglo, el poder que llegaron a ejercer los gremios de Gante. Justo al lado se encuentra la Lakenhalle (lonja de los Paños, 1426-1441), donde se reunían los pañeros para establecer las reglas que regían la fabricación de las telas y el sueldo de los obreros. Si desea llevar bombones los archifamosos y deliciosos "pralines" belgas, la tienda de L. Van Hoorebeke es un buen lugar para comprarlos: la gama es clásica (no deje de probar los sabores caramelo y mousse de chocolate) y la frescura irreprochable.
 
El Stadhuis (ayuntamiento), iniciado en el s. XVI y acabado en el XVIII, posee dos fachadas bien diferenciadas: una gótico flamígera, recargada hasta el exceso; otra inspirada en el renacimiento italiano. Aunque en la actualidad se encuentre cerrada, rodee la St-Niklaaskerk: la iglesia de San Nicolás, justo al lado, impresiona por su aspecto macizo. La fachada oriental da al Korenmarkt (mercado del Grano), cuyas numerosas terrazas se ven invadidas por los estudiantes de Gante (son más de 20.000) nada más llegar el buen tiempo.
© Dienst Toerisme Gent
El Graslei (muelle de las Hierbas)
Tras pasar por delante de una monumental oficina de correos neogótica, párese en el St-Michielsbrug (puente de San Miguel), que brinda hermosas vistas de la ciudad y sus principales monumentos. Detrás de usted, las torres del Belfort, San Bavón y San Nicolás avanzan en hilera hasta el río Lys. Más abajo, el Graslei (muelle de las Hierbas), donde se encontraba originariamente el puerto, despliega sus casas románicas, góticas y renacentistas componiendo un auténtico tratado de arquitectura a cielo abierto. Justo enfrente, el Korenlei (muelle del Trigo), menos espectacular y de época más tardía, presenta bonitos palacetes clásicos y casas con hastiales. A su izquierda, la St-Michielskerk (iglesia de San Miguel, s. XV), víctima de una desmesurada ambición arquitectónica, luce una torre inacabada. En su interior podrá admirar un magnífico Cucificado de Van Dyck.
La calle Korenlei conduce hasta el Museum voor Sierkunst en Vormgeving (museo de Artes Decorativas y Diseño), cuyas piezas ocupan un magnífico palacete rococó del s. XVIII. Colmo de contrastes: en la planta baja admirará el comedor de una familia patricia flamenca (decorado con una lámpara y revestimientos de madera y porcelana de China), mientras en el ala moderna, blanca e inmaculada, pasará de un interior art nouveau diseñado por Henry Van de Velde a un colorido y estrafalario sillón ideado por Alessandro Mendini. Al salir podrá tomar un té, un café o un chocolate a la taza en Brooderie (brood significa pan en neerlandés), salón de té orgánico donde también se degusta un delicioso plato del día vegetariano.
© G. Rouzeau / ViaMichelin
El barrio más antiguo de Gante, el Patershol
Al final de la calle a la derecha surge la St.-Veerleplein (plaza de Santa Farailda), donde se levantan algunos edificios antiguos como el Wenemaers-hospitaal (hospicio de San Lorenzo) y su fachada de 1564 o el Oude Vismarkt (mercado del Pescado), que luce una imponente portada barroca. Tras la anunciada reforma, el mercado renacerá en forma de centro cultural. Tras usted, el famoso Gravensteen (castillo de los Condes) levanta su silueta achaparrada. No se deje engañar: el edificio fue totalmente remodelado a principios del s. XX tomando como modelo los fuertes de los cruzados en Siria. Los más jóvenes se extasiarán ante la colección de instrumentos de tortura; nosotros nos quedamos con la vista de Gante desde la torre del homenaje.
 
Al salir tome a la derecha el Geldmunt y enseguida a la derecha también Plotersgracht: entrará así en uno de los barrios más antiguos de Gante, el Patershol. El antiguo arrabal de los tejedores, amenazado de demolición hace aún 20 años, es un denso entramado de callejas donde las casitas bajas de ladrillo rojo (las más antiguas datan del s. XII) conviven con el antiguo claustro de las Carmelitas Calzadas, la capilla del Drongenhof y algunos palacetes. Hoy día encontramos además algunas tiendas a la moda, numerosos cafés y restaurantes como De 3 Biggetjes o Bij den Wijzen en Den Zot, galardonado el año pasado con el premio al mejor waterzoï de Gante.
Saciado el estómago, iremos hasta el Kraanlei (quai de la Grúa), donde las casitas y la capilla gótica del Huis van Alijn (orfanato Alyn) forman, unidas por un patio, el museo del folclor: en sus minúsculas salas se han recreado con gran acierto las artes y tradiciones flamencas.
Y así llegamos hasta la confitería Temmerman, famosa entre otras cosas por su especialidad, el cuberdon, un cucurucho de azúcar relleno de mermelada de frambuesa.

© G. Rouzeau / ViaMichelin
La tienda de comestibles Tierenteyn-Verlent es famosa por su mostaza artesana extrafuerte.
Desandando lo andado atravesaremos el Lys por el Zuivelbrug. Justo a la izquierda sale a nuestro encuentro otra "tasca de bolsillo": Dreupelkot es una institución consagrada a la ginebra, de la que propone más de 100 variedades venidas de Flandes y del norte de Francia.
 
Unos pasos más y llegamos al Groentenmarkt (mercado de las Hortalizas): la Vleeshuis (lonja de la Carne, del s. XV) es un largo edificio de piedra coronado por una serie de hastiales escalonados. Su interior, con viguería de madera, alberga un mercado de productos regionales. Es el momento de saborear algunas especialidades como el mattetaarten, pastel de mazapán, o el advocat, un espeso licor de yema. Al otro lado de la plaza, la tienda de comestibles Tierenteyn-Verlent es famosa por su mostaza artesana extrafuerte, elaborada en los bajos de la tienda. Se cuenta que fue un soldado de Napoleón, nativo de Dijon, quien en un momento de intimidad confió la receta a una bella flamenca. Los clientes, todos habituales, suelen venir con su propio tarro de gres para que se los llenen.
 
La Kammer Straat desemboca en el Vrijdagmarkt (mercado del Viernes), una vasta plaza formada por antiguas casas con hastiales (como Het Toreken, casa con torrecillas del s. XV) y algunos edificios más recientes. Aquí, mientras tejedores y obreros de la lana se cosían alegremente a puñaladas, los soberanos flamencos intentaban embaucar al pueblo llano. El centro está presidido por la estatua de Jacob Van Artevelde, que conmemora el asesinato de quien se alió con los ingleses para combatir a los franceses cuando Francia quiso prohibir la importación de la lana inglesa. Detrás de esta plaza, los aledaños de la St-Jacobskerk (iglesia de Santiago) acogen cada viernes, sábado y domingo un mercadillo.
Gante, paraíso del buen yantar
© Dienst Toerisme Gent
La versión gantesa del waterzoï utiliza también el pollo.
Flandes es el paraíso del buen comer y los habitantes de Gante suelen tener como (buena) costumbre el salir a cenar. Como nos explica el joven chef Gilles Joye, del Belga Queen en el Graslei: "la cocina gantesa es una cocina del terruño elaborada esencialmente con productos flamencos, de mar y tierra, en el más estricto respeto de las estaciones". Del mar llegan los ineludibles mejillones, preparados de una y mil maneras, y las gambas grises del mar del Norte, presentadas en crujientes croquetas. Los platos de pescado son infinitos: lenguado, rodaballo, limanda, trucha Un plato de arenques frescos marinados y acompañados de remolacha, escalonia y albahaca será una excelente forma de entrar en materia. A los flamencos les encanta la anguila: entre las muchas maneras que tienen de prepararla destaca la "anguila en verde", cocinada con acederas, espinacas, ortigas y cerveza blanca. Pero la especialidad flamenca por excelencia es el waterzoï, pescados de mar y de río guisados con verduras. La versión gantesa utiliza también el pollo. El plato se sirve acompañado de gruesas rebanadas de pan gris que se unta de mantequilla.
 
Por lo que a carnes se refiere, tampoco es variedad lo que falta: buey blanc bleu belge (equivalente de nuestra ternera de Ávila), pato, paloma, conejo y cerdo. Disfrute de especialidades tan deliciosas como el conejo con ciruelas o a la cerveza, el koekoek de Malinas (una especie autóctona de pollo) o la carbonada de buey con cebolla y cerveza. El presskopf, una tarrina de cabeza de cerdo, se degusta como entrada con pan y mostaza fuerte. El hennepot es una terrina de pollo, conejo y ternera aromatizada con limón. Haga un sitio entre las verduras y hortalizas clásicas, como las consabidas endivias o las deliciosas patatas Bintje, para probar una rareza: los brotes de lúpulo. Las patatas fritas suelen ser caseras y del día. Y por supuesto, no dude en regar su comida con cerveza: Flandes presume de poseer más de 1.000 variedades y sus numerosas cervecerías artesanales brindan la oportunidad de saborear "brebajes" que no encontrará en ningún otro sitio.
Información práctica
Tiendas:
L. Van Hoorebeke, St-Baafsplein, tfno. 09/221 03 81.
Brooderie, Jan Breydelstraat, 8.
Dreupelkot, Groetenmarkt, 12.
Gainsbar, Franse koffie & aperitiefbar, Oudburg, 51, abierto a partir de las 17h.
Veuve Tierenteyn-Verlent, Groentenmarkt, 3.
Temmerman, Kraanlei 79.
 
Restaurantes:
De 3 Biggetjes (Bib gourmand de la selección de la Guía MICHELIN)
Zeugsteeg 7, tfno. 09/224 46 48.
Bij den Wijzen en Den Zot
Hertogstraag 42, tfno. 09/223 42 30.
Nuestro agradecimiento a Gilles Joye, del restaurante Belga Queen, Graslei, 10, tfno. 09/280 01.00.