| | | | | | Clic sobre la foto para agrandarla       | |  | |  | | Turismo y Gastronomía Nápoles, la felicidad está en la calle Por G. Rouzeau Italia es mucho más que la clásica triada Roma-Florencia-Venecia. Olvidada durante largo tiempo, arrinconada y a veces desdeñada, Nápoles ha sufrido las consecuencias de su mala reputación. Barroca y excesiva, fascinante y desconcertante, la capital del Mezzogiorno italiano se toma la revancha y muestra al fin con orgullo sus abundantes riquezas artísticas y su peculiar forma de entender la vida. Apreciar Nápoles © Frédéric d'Avella Spaccanapoli, corazón, vientre y alma del viejo Nápoles. | Según algunos, Nápoles es la ciudad más bella del mundo; según otros, un laberinto ruidoso y horrible. Es cierto que si se visita sólo con los ojos, es muy probable que sus calles -de limpieza un tanto dudosa-, sus deteriorados palacios y su circulación caótica irriten y decepcionen. El neófito en la ciudad, tiene la impresión de que los napolitanos se divierten dando vueltas sin cesar en sus coches. Un curioso ballet ritmado por los cláxones que dura hasta las cuatro de la mañana. Alrededor de la estación central además, se extiende el mayor mercado de mercancías robadas de Europa occidental. Esta antigua ciudad griega poblada desde hace tres mil años por el mismo pueblo, no es ni será jamás una ciudad-museo como otras tantas ciudades italianas. Sin embargo, guarda extraordinarias sorpresas para el viajero que baja la guardia y decide lanzarse sin más a este magma humano. Nápoles es un lugar vivo cuya historia se transforma y se transmite de generación en generación como un auténtico patrimonio genético. Esta estratificación mestiza se lee en los propios edificios: un muro romano descansa sobre cimientos griegos que reposan a su vez sobre una colada de lava. "Nápoles es la Pompeya que no quedó cubierta por las cenizas" -explica Jean-Noël Schifano, traductor francés de Umberto Eco y uno de los mejores conocedores de esta ciudad. Esta fuerte identidad se alimenta directamente de su larga historia. Un pasado que la ciudad vive en tiempo presente desde hace tres mil años con los mismos gestos, las mismas voces y la misma teatralidad. Algo que quedaba ilustrado a la perfección en la ceremonia de las capuzelle (las cabecitas): en el cementerio de Fontanelle, en el barrio de la Sanità (feudo de la camorra), los vivos tomaban un cráneo con el que mantenían una conversación muy cariñosa salpicada de besos, caricias y confidencias a media voz. Un rito que se celebró hasta que un obispo decidió abolirlo en los años 50. De la misma forma, el día de Todos los Santos la familia napolitana al completo sale para merendar sobre la tumba de sus antepasados...
Sólo en un crisol así es posible esta única filosofía de la vida, un apetito de vivir desesperado, una mezcla de ironía y de fatalismo, un modo incomparable de aceptar nuestra triste condición terrestre. Y es que Nápoles es barroca en todos los sentidos, desde las escaleras del arquitecto San Felice hasta los dulces y helados. Todo aquí despierta los sentidos y estimula el espíritu... A imagen del célebre estilo artístico tortuoso y recargado del que Nápoles acumula muchos ejemplos, aquí la sangre se mezcla con el oro, el placer con la muerte, la felicidad con el dolor...  | |  | | San Genaro, patrón de Nápoles Feliz quien, como Ulises, se encuentra en la catedral de Nápoles un 19 de septiembre para asistir a la tan esperada licuefacción de la sangre de San Genaro. En 305 Genaro, obispo de Benevento, fue decapitado por los romanos en una zona cercana a Posillipo, entre Pozzuoli y Solfatara. Dos ancianas recogieron un poco de sangre en dos ampollas de cristal que cerraron herméticamente. Para tener la oportunidad de asistir a la ceremonia, acuda antes de las diez a los alrededores de la catedral. Sólo así podrá percibir, en medio de un gentío exaltado y vociferante, un pequeño coágulo seco del que se escapa un sutil hilo de lo que parece sangre. Cuanto menos tarda la sangre en licuarse más próspero se anuncia el año para Nápoles y los napolitanos, que suelen implorar a San Genaro protección contra las enfermedades y las iras del Vesubio. Aunque son muchos los napolitanos que afirman públicamente no creer en el milagro, la mayoría alberga en su interior una peculiar mezcla de espíritu crítico, religiosidad y superstición. | |  | |  | Una ciudad griega y española © Frédéric d'Avella Castel dell'Ovo | ¿Qué hay que saber de Nápoles para llegar a entender su forma de ser? Nápoles es una verdadera nación (con lengua incluida) mezcla del genio griego, el espíritu romano y la pasión española. Tan singular es esta ciudad que podría estar en cualquier otro país meridional que no fuera Italia. Las grandes ciudades rivales del norte no han dejado sin embargo de recordarle que la declaración de la unidad italiana marcó también el inicio de su declive. En el s. XVIII, cuando Nápoles era junto con Londres y París una de las principales metrópolis del mundo civilizado, las ovejas todavía pacían en el Capitolio de Roma. Su historia comienza con una fundación griega y prosigue con una conquista romana que dejó intactas la lengua y la cultura griegas: Augusto, Cicerón y Nerón quedaron fascinados por este pequeño vestigio de civilización helénica que siguió viviendo inmutable ante sus ojos. Gracias a la clemencia del clima, la belleza de su bahía y el refinamiento de sus costumbres, Nápoles se convirtió en el cuartel de invierno de los romanos adinerados, entre ellos el general, hombre de letras y gastrónomo Lúculo, amigo de Virgilio. Nápoles resistió a las invasiones bárbaras hasta el s. XII. Luego, varias dinastías (normanda, casas de Suabia, Anjou y Aragón) se fueron sucediendo en su gobierno. Cada una dejó su huella en la ciudad, pero fue sin duda el largo dominio español el que dio a Nápoles su fisonomía grecorromana e ibérica. El XVII fue para Nápoles el siglo de oro: vio florecer una importante escuela de pintura y se cubrió de palacios, claustros e iglesias, lo que dio lugar al apodo de "ciudad de las 500 iglesias". Al igual que Venecia, la ciudad fue el centro de una importante actividad musical, algo que desembocó en la apertura de la primera ópera, el San Carlo. Corría 1737 y aún faltaban cuatro décadas para que se inaugurara la Scala de Milán...  | |  | | Nápoles: qué no se puede perder © Frédéric d'Avella | - Spaccanapoli. El casco antiguo de la ciudad, formado por las calles S. Benedetto Croce, S. Biagio dei Librai, Vicaria Vecchia y via Tribunali... Toda la historia viva y milenaria de Nápoles.
- Capilla de San Severo. Para el impresionante Cristo velato de Sammartino.
- Museo arqueológico nacional. Probablemente el museo de arqueología grecorromana más bello del mundo. Si le interesa el tema tendrá que dedicarle un día completo.
- Palazzo e Galleria Nazionale Di Capodimonte. Para descubrir la insospechada riqueza de la escuela de pintura napolitana.
- Catacumbas de San Gennaro. Estas amplias galerías excavadas en la toba, resumen los orígenes del cristianismo en Nápoles.
- Cartuja de San Martino. Para tener una sublime vista de Nápoles, visitar la iglesia y su fastuosa ornamentación, sus portales de Belén y el claustro del arquitecto Fanzago.
- Puerto de Santa Lucia. Mandolinas, bares y pizzerías como canta la canción. Al final del espigón se levanta el Castel dell'Ovo, construido en el emplazamiento de la villa de Lúculo.
- Castel Nuovo. Esta fortaleza construida sobre el modelo del castillo de Angers es el legado más bello que haya dejado en Nápoles la casa real de Anjou. Justo al lado se encuentran el Palazzo Reale, la piazza del Plebiscito, la galería Umberto y el teatro San Carlo.
- Santa Chiara. Magnífica y austera iglesia gótica y claustro de las clarisas, decorado de mayólicas.
| |  | |  | La vida en la calle © Frédéric d'Avella Jugadores de scopa, juego de naipes típicamente napolitano. | En Nápoles todo tiene lugar en la calle: cada vicolo, callejón estrecho y húmedo como hace mil años, es un escenario teatral, un lugar desbordante de vida que depara visiones inolvidables. Pasee por los barrios españoles, los Spaccanapoli y sus callejas perpendiculares: la vida le saldrá al paso. No dude en acercarse hasta la Forcella, el tridente del Diablo, uno de los barrios de la camorra en el extremo de la via San Biagio dei Librai a dos pasos de la catedral. A no ser que lleve un Rolex no tendrá nada que perder. La calle napolitana es ruidosa: en ella se habla, se canta, se grita. Radios y televisores suenan a todo volumen. Cada artesano trabaja en el portal de su casa. Del cielo caen cestas vacías que los tenderos se encargan de llenar: una muestra más de que los napolitanos se las ingenian para teñir de arte hasta los gestos más cotidianos. Las ancianas sacan las sillas a la calle para ver la telenovela de la televisión. Ésta por supuesto se queda dentro de la casa con el volumen al máximo... Y por si todo esto no bastase está la Vespa, encarnación del alma exuberante y rimbombante del napolitano: ningún obstáculo es capaz de parar a este centauro moderno que transporta una, dos y hasta tres o cuatro personas sin casco, a veces una familia al completo desbordante de alegría. El tráfico rodado en Nápoles es un espectáculo insólito. La primera vez que cruce una calle le dejará un recuerdo que tardará tiempo en olvidar: no busque pasos de cebra, semáforos, stops o ceda el paso. Los coches no se paran nunca, simplemente se esquivan entre sí y a los peatones con maestría. Al igual que toda ciudad o pueblo italiano, Nápoles se organiza alrededor de sus múltiples piazze (plazas). Entre nuestras preferidas citaremos la piazza San Domenico Maggiore, al pie de la iglesia que le da nombre y de Scaturchio, una excelente pastelería donde podrá degustar un pastel borracho, y la piazza Bellini, donde jóvenes e intelectuales se dan cita junto a la estatua del compositor napolitano. En ella abundan los cafés, como el Caffè Letterario Intra Moenia, emanación francófila de una editorial. Clásico entre los clásicos, el Gran caffé Gambrinus, en piazza Plebiscito al principio de la elegante via Chiaia, es una institución artístico-literaria (por aquí pasaron de Verdi a Oscar Wilde) toda de mármoles y dorados. Menos caro, pero muy recomendable para hacer una cena ligera a base de productos frescos y dulces encontramos el café trattoria L.U.I.S.E que se encuentra justo al lado del funicular que sube hasta la colina del Vomero zona muy joven y animada. La mejor heladería es para muchos Scimmia, en piazza Carità. Su helado de plátano con forma de plátano recubierto de chocolate es una obra maestra. Cuando las noches son cálidas los napolitanos suelen buscar el fresco a orillas del mar, a lo largo del Lungo Mare, el paseo marítimo. La costumbre es comprar un refresco en algún bar de los alrededores y tomárselo sentado frente al golfo. Algo que sin duda ya hacían los griegos hace... unos tres mil años.  | |  | | Pizza y demás manjares Auténtica institución, la pizza napolitana encontró su forma definitiva en el s. XIX, cuando el tomate empezó a cultivarse en las laderas del Vesubio. Como se trata de un plato completo, las pizzerías tradicionales sólo sirven pizzas -y más vale tomarla acompañada de una buena cerveza que de una copa de lacrima christi. En la pizzería napolitana típica el servicio es ultrarrápido: nada de quedarse a conversar tranquilamente a la luz de las velas. Las mesas han de dejarse libres rápidamente, ya que en la calle la cola se alarga. Algunos establecimientos tradicionales: Bellini, via Santa Maria di Costantinopoli. Al lado del museo arqueológico. Brandi, salita Sant'Anna di Palazzo, 1. La pizzería presume de haber inventado, un día de 1889, la famosa pizza Margherita. Da Michele, via C. Sersale, 1. Di Matteo, via Dei Tribunali, 94. Esta pizzería tuvo como comensal a Bill Clinton durante el G 7 de 1993. Otras delicias. Si a pesar de ser un plato tan delicioso como simple, la pizza no es santo de su devoción, sepa que la cocina napolitana es una de las mejores de Italia, rica en pescados y mariscos -el calamar a la plancha sobre lecho de rucuola con aceite de oliva y zumo de limón es una exquisitez. Las hortalizas, que a menudo crecen en los huertos locales, son excelentes y no hay que olvidar que es en Nápoles donde se saborea la auténtica mozarella di buffala. Los dolci por su parte son muchos y deliciosos -no deje de probar la sfogliatella de Pinturo (via Toledo, 275), a base de ricotta, canela, vainilla y fruta escarchada. | |  | |  |  | |  | | Información práctica Consejos para aprovechar al máximo la estancia: si sólo dispone de tres o cuatro días, dedíquelos a Nápoles. No le defraudará. Si dispone de alguno más, vaya de excursión a Pompeya, Herculano y las islas - Capri, Ischia y Procida, la más discreta. Dónde dormir: decántese más bien por un hotel en el centro histórico o en sus inmediaciones (piazza del Plebiscito, por ejemplo). Así podrá ver a los napolitanos en acción. Oficina de turismo de Nápoles, palazzo Reale, piazza del Plebiscito, www.iNápoles.it. También existe un anexo en la plaza de Gesù Nuovo. Circumvesuviana: red de transportes que comunica Nápoles y sus alrededores (autobús, tren, funicular) www.vesuviana.it/La línea 1 del metro, última obra municipal, cuenta con 6 estaciones decoradas por artistas contemporáneos. Campania Arte Card: se trata de un pase (de venta en la estación central entre otros) que permite el acceso gratuito a la mayoría de monumentos y transportes colectivos. Varias formulas (de 3 a 7 días). Qui Napoli: revista gratuita mensual con información turística y cultural. Aeropuerto Capodichino: www.gesac.it/it/. Para llegar hasta el centro de Nápoles tome un taxi o el autobús (línea 3 S). Il Mattino, el diario de Nápoles: www.ilmattino.itTeatro San Carlo: www.teatrosancarlo.it/Direcciones: Scaturchio, piazza S. Domenico Maggiore, 19. www.scaturchionline.it/home.htmCaffè Letterario Intra Moenia, piazza Bellini, 70. www.intramoenia.it/Gran caffé Gambrinus, via Chiaia, 1-2. www.caffegambrinus.com/L.U.I.S.E, via Toledo, 266-269. Scimmia, piazza Carità, 4. | |  | |  |  |