| | | | | | Clic sobre la foto para agrandarla      | |  | |  | | Turismo y Gastronomía Ámsterdam, el prodigio holandés Por E. Tresmontant Con sus 160 canales, sus 1.281 puentes y sus 550.000 bicicletas, la ciudad de Rembrandt inspira una sensación de bienestar incomparable... Tres siglos después de haber sido la capital cultural y económica de Europa, Ámsterdam cultiva un arte de vivir propio. © E. Tresmontant / ViaMichelin Herengracht, el canal más bello de Ámsterdam. | © E. Tresmontant / ViaMichelin Casi todos los almacenes han sido transformados en viviendas. Observe los hastiales escalonados. | Al salir de la estación central, situada frente al puerto, quedará impresionado por la ausencia de grandes despliegues urbanísticos: comparada con Londres o París, Ámsterdam destaca por su modestia arquitectónica. De ahí esa sensación de intimidad que se siente en cualquier época del año al pasear por la capital holandesa. El interior de las viviendas forma parte del decorado, ya que las altas ventanas carecen de cortinas o visillos. Los nombres de los puentes, las calles y los canales nos sumergen en el pasado comercial de la ciudad: Melkmeisjesbruggetje (puentecillo de las lecheras), Varkenssluis (esclusa de los cerdos), Kalverstraat (calle de los terneros), Vijgendam (presa de los higos) A pesar de la barrera lingüística, el secreto de esta ciudad fascinante se toca casi con los dedos. Y es que Ámsterdam sintetiza en sí dos cualidades contradictorias: el sentido comercial y el sentido artístico. Construida durante el Siglo de Oro holandés (1580-1700), momento en que los Países Bajos dominaban el mundo gracias a su flota, su comercio y su banca, esta ciudad conquistada a las aguas del Amstel materializa el triunfo de la burguesía holandesa. Al mismo tiempo es la más armoniosa de las ciudades europeas, ya que cada casa se acomoda al estilo de sus vecinas. Los mercaderes que la levantaron la quisieron bella y se hicieron retratar por los más grandes artistas de la época, Frans Hals (1581-1666) y Rembrandt (1606-1669), a quienes dieron los medios para que pudieran desarrollar su arte. Todavía hoy las dos facetas de Ámsterdam conviven en armonía: la ciudad de la bolsa y las finanzas por una parte y la ciudad de los soñadores y los "marginales" por otra (la misma que en el s. XVII protegiera de la censura a Descartes, Locke y Spinoza). Existe un "milagro holandés", nos dicen los historiadores que todavía hoy intentan explicar cómo un minúsculo país inundado por las aguas y dominado por la corona española pudo, en medio siglo, convertirse en la primera potencia económica y cultural del mundo. Y aún hoy ¿no resulta Ámsterdam un "milagro" para todos aquellos que aspiran a hacer de la ciudad un monumento viviente? Los canales © E. Tresmontant / ViaMichelin Esquina del Keizersgracht con el Reguliersgracht. | Al igual que Venecia, Ámsterdam fue una república de mercaderes "dirigida por zorros en un mundo de leones" (Vilfredo Pareto). Y al igual que la Serenísima, ante todo fue construida sobre el agua. Por esta razón, lo primero que tiene que hacer el visitante es descubrir los cuatro canales principales, abiertos entre 1586 y 1612: Singel, Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht. El alma de Ámsterdam fluye a lo largo de estas arterias que vieron pasar antaño cargamentos de seda, especias, té y tabaco importados por las Compañías de las Indias. Los muelles centenarios que los flanquean no dejan de causar asombro: a ellos volvemos una y otra vez subyugados por la belleza de sus casas de ladrillo construidas sobre pilotes*. A veces, una de ellas se inclina hacia delante o hacia un lado. Pero el viajero queda ante todo sorprendido por la diversidad de hastiales que constituyen la principal seña de identidad de Ámsterdam: piñones rectos, escalonados, campaniformes, en forma de cuello... El piñón o hastial es la parte superior de la fachada de la casa. Aunque su misión original fuera la de ocultar el tejado, también sirve para identificar la casa. Éste tenía casi siempre un montacargas por encima de la ventana superior central para subir las mercancías, que quedaban almacenadas en el desván.  | |  | | © E. Tresmontant / ViaMichelin | En este paseo por los canales, el viajero puede, además, encontrar los gevelstenen: unas alegorías en las fachadas que permitían identificar el oficio de los artesanos que vivían en el edificio: carniceros, molineros, pescadores, herreros, tejedores, cerveceros... Por desgracia, Luis Napoleón -nombrado rey de Holanda por su hermano en 1806- decidió cambiar estas tarjetas talladas y pintadas por la numeración de las casas. Hoy día, la asociación Vrienden van Amsterdamse Gevelstenen trabaja en su restauración y tiene catalogadas más de 660 repartidas por toda la ciudad. También podrá ver una bonita colección en los jardines del Rijksmuseum. | |  | |  | © E. Tresmontant / ViaMichelin El magnífico interior del Hotel Blacks. | Si tiene la suerte de entrar en alguno de los viejos inmuebles de Ámsterdam, le sumergirá en la poesía intimista de las pinturas de Vermeer: estrechas escaleras de madera, suelos de baldosas, jardines adornados de fuentes y estatuas. Por desgracia, es muy difícil visitar estas residencias privadas. A pesar de todo, algunos museos instalados en las antiguas mansiones de los grandes mercaderes le permitirán admirar suntuosos interiores. Tal es el caso del Museum Van Loon (672 Keizersgracht). Otra solución es ir a cenar al Hotel Blakes (384 Keizersgracht) cuyo antiguo comedor, restaurado con gusto, da a un jardín típicamente holandés. La cocina, muy refinada y de inspiración oriental, está a la altura del decorado.
El Bloemenmarkt Camino del museo Van Gogh o del Rijksmuseum, en el extremo meridional del Singel, descubrirá uno de los lugares más emblemáticos de Ámsterdam: el mercado de las flores. Este mercado flotante creado en 1862 abre de lunes a sábado para proponer a los paseantes una multitud de flores cortadas, bulbos, macetas y tiestos. La pasión de los holandeses por los tulipanes (importados de Turquía a partir de 1594) se remonta al s. XVII. En aquella época los bulbos se cotizaban a precios inimaginables. Algunas variedades, como la Semper Augustus, eran tan codiciadas como el oro. Ir al museo: más un placer que un deber Hablar de museos consiste demasiado a menudo en enumerar, de forma un tanto aburrida, la lista de piezas expuestas. Tratándose del museo Van Gogh y del Rijksmuseum todo cambia. Antes de nada, un segundo bastará para comprender algo que los historiadores del arte se esfuerzan en explicarnos una y otra vez: que la reproducción de las obras de arte perjudican a la idea que podamos hacernos de un pintor y de su obra. Vistos hasta la saciedad en tarjetas postales, los cuadros de Rembrandt (como La Ronda de nochet) y Van Gogh (El sembrador) irradian aquí un resplandor que la copia nunca podrá reproducir. Es un primer schock. Luego, el hecho de ir al museo parece aquí un gesto casi natural. El museo no es un santuario solemne: es algo integrado a la ciudad y a la vida. Tras admirar la belleza de los canales, el visitante se pasea por ellos con idéntico placer, encantado de poder hacer fotos sin flash. En fin, hay un misterio. Además de la famosa Lechera, algunos cuadros de Vermeer expuestos en el Rijksmuseum (Mujer de azul leyendo una carta y Calle de Delft principalmente) retrataron hace más de tres siglos escenas de la vida cotidiana. Escenas que le dejaran estupefactos cuando las descubra "en vivo" al doblar una esquina o a través de la ventana de una vivienda. Prueba de que incluso tres siglos más tarde algo subsiste de aquel modo de vida holandés. Concertgebouw No lejos de los museos, al otro lado de la explanada (Museumplein), se divisa la célebre sala de conciertos de inspiración neorrenacentista. Construido en 1888, el Concertgebouw tiene la reputación de gozar de una acústica casi perfecta. No deje de asistir a algún concierto durante su estancia. Desde que fuera creada por Willem Mengelberg (1871-1951), su orquesta sinfónica figura entre las más prestigiosas del mundo. Desde 1988 está dirigida por Riccardo Chailly, que sucedió a Bernard Haitink. El Concertgebouw atrae a unos 800.000 espectadores al año y acoge a los músicos holandeses más importantes del momento (Gustav Leonhardt, Ton Koopman, Anner Bylsma, Pieter Wispelwey). Ellos se sienten en su casa nosotros también. El Jordaan © E. Tresmontant / ViaMichelin Aquí cada habitante posee al menos una bici. | Lindando al oeste con el Prinsengracht, el Jordaan es hoy el barrio más a la moda de la capital, algo así como Notting Hill en Londres. Construido en el s. XVII, el barrio acogía al principio a los obreros encargados de abrir los canales y construir los puentes. Hasta 1945 Jordaan fue un barrio de mala fama, insalubre y "rebelde". Tras la guerra fue rehabilitado y una nueva población de estudiantes y artistas tomó posesión de él. La mayoría de sus casas de ladrillo se levanta alrededor de un patio interior donde, sin saber muy bien cómo, crecen malvarrosas a través de los adoquines de las aceras. El Jordaan es hoy conocido por sus anticuarios, sus librerías y sus bruin cafés. Un trozo de paraíso.
 | |  | | Los "bruin café" son antiguos establecimientos típicos de Ámsterdam cuyas paredes se han ido tiñendo de un color parduzco a causa del humo (lo que explica su nombre, literalmente "cafés pardos"). Los habitantes de la ciudad se sienten aquí como en sus propias casas, de ahí esa impresión de hallarse en una vivienda familiar con manteles, colecciones de platos, una tele para ver los partidos del Ajax... Aquí podrá tomar una pilsje (cerveza de barril) local, ginebra joven o añeja, un irish coffee, un pastel de manzana con crema, sopa de cebolla o un bocadillo de gouda, el popular queso de bola... El bruin café con más encanto del Jordaan (y el más antiguo de Ámsterdam según se dice) es el Het Papeneiland, situado en la esquina de Prinsengracht con Brouwersgracht: una pequeña maravilla con su estufa, sus azulejos de Delft, sus bancos exteriores sobre el canal... Para degustar la mejor ginebra vaya al café De Admiraal, en el 319 de Herengracht: en él encontrará las ginebras Van Wees, la destilería más antigua de la ciudad. | |  | |  | * Los terrenos pantanosos obligaron a construir las casas sobre pilotes hundidos en la arena hasta 13 metros de profundidad. Construido según el mismo principio, el Palacio Real de Ámsterdam reposa sobre más de 13.000 pilotes.  | |  | | Amsterdam by night En contradicción (o en armonía) con los tópicos consabidos (el Barrio Rojo y sus prostíbulos, los "coffee shop" y el consumo de cannabis, etc.), Ámsterdam posee una vida nocturna sana y accesible a todos. Le facilitamos a continuación una lista de lugares recomendados por Vivian Kramer, de la oficina de turismo y congresos de Holanda: PanamáEsta discoteca está instalada en una antigua central eléctrica, monumento del arte industrial. Si la música disco o el rhythm & blues le abre el apetito, el local propone asimismo una refrescante cocina mediterránea. Oostelijke Handelskade 4 Tfno. 0031 (0) 20 311 8686 www.panama.nl Jimmy WooEste local de copas a la moda está muy cerca de Leidsplein, la zona de marcha de Ámsterdam. Nada más entrar se dará de bruces con unos cuadros psicodélicos que le transportarán al ambiente de los años 70. En el primer piso, el bar propone un impresionante surtido de cócteles. El segundo alberga el club propiamente dicho: 12.000 lucecillas iluminan su espectacular techo. Korte Leidsedwarsstraat 18 Tfno. 0031 (0) 20 626 3150 www.jimmywoo.com The PowerzoneUna terraza, palmeras, un estanque, un acuario... El mayor club de la ciudad apuesta por el exotismo y posee una gigantesca pista de baile. Si desea vivir una noche digna de una estrella, compre la tarjeta VIP. Aparcamiento, servicio y vestuario son gratuitos. Daniël Goedkoopstraat 1 Tfno. 0031 (0) 20 681 8867 www.thepowerzone.nl SinnersEsta discoteca es el lugar de encuentro preferido de los jóvenes noctámbulos de la capital holandesa. Tres niveles, tres estilos: "Moulin Rouge", "Misterioso" y "Disco" (las luces multicolores de este último merecen un vistazo). Para refrescarse baje hasta el bar del "Moulin Rouge", donde reina un ambiente informal que tiene muy poco que ver con el de su homólogo parisino. Wagenstraat 3 Tfno. 0031 (0) 20 620 1375 www.sinners.nl | |  | |  |  |