 | Por Elena Bernardo
| La mayor variedad étnica y cultural de Madrid corre por las cuestas de Lavapiés. En este barrio céntrico y popular, Madrid aprende a convivir con otras culturas y tradiciones. |     | | © I. Gardy / ViaMichelin La calle Lavapiés
 | Por la calle Lavapiés baja un motero gordo y barbudo a lomos de su Harley Davidson despertando la admiración de los comerciantes apostados a la puerta de sus tiendas. Son tiendas minúsculas, pequeños ultramarinos en los que se puede adquirir desde bollos hasta productos de limpieza, pasando por globos o bolígrafos. Tiendas que se llaman "Casa Mari" o "Alimentos Isabel", establecimientos sin pretensiones, con un aire tradicional. Lo que ha cambiado son las personas que los regentan. Indios, peruanos, chinos, marroquíes, senegaleses, una cantidad increíble de nacionalidades se dan cita en este barrio madrileño en el que casi el 20% de los vecinos son inmigrantes. Hoy en Lavapiés, junto a las viejas tabernas de ambiente taurino se encuentran bares que organizan sesiones de teatro experimental o conciertos de música africana.
El día y la noche en Lavapiés tienen el denominador común de la pluralidad cultural. Durante el día es un trajín constante. Las furgonetas cargan y descargan bolsones de ropa ante las tiendas de los chinos, a través de las ventanas abiertas se oye rap de la India o rai magrebí, se escuchan animadas conversaciones en quechua, wolof o cantonés. En este barrio es posible ver a una mujer filipina hablando por teléfono en una cabina con la cabeza cuajada de rulos, a una niña china junto a otra ecuatoriana embelesadas ante las muñecas de la juguetería, a un hombre negro vestido al mas puro estilo africano ante una tienda de bongos y máscaras. Durante el día, los albañiles se afanan en las múltiples obras de rehabilitación de edificios que están mejorando la imagen del distrito, objeto de un enorme proyecto urbanístico que incluye la creación de un circo estable, un museo, bibliotecas, servicios sociales... Cuando llega la noche el ajetreo de las calles se traslada a los locales: tascas, restaurantes y salas alternativas abren sus puertas a un público variopinto en el que tienen estudiantes, bohemios, parejas bien establecidas y macarras. |    | Lavapiés es un gran zoco en el que cada especialidad ha encontrado su hueco. Cerca de los locutorios telefónicos con ofertas para llamar a Ecuador o Senegal y de los centros de piercing y tatuaje hay platerías, floristerías, anticuarios, tiendas de alimentación para surtir a todas las cocinas del mundo. Atravesando la calle Embajadores llegamos al Rastro, donde siempre se negocia algo y donde reside también buen número de familias gitanas. Aunque el gran mercadillo se monta sólo los domingos y festivos, esta zona de Lavapiés bulle también entre semana. |    | Este ha sido siempre un barrio popular, de clase trabajadora. Muchas de sus fachadas más anodinas esconden un gran patio alrededor del cual se organizan las viviendas. Son las corralas, casas en las que reina un ambiente de vecindad inigualable, en cuyos patios se celebraban antes las verbenas. Ya hace tiempo que las verbenas salieron a las calles. San Isidro se celebra en la calle Argumosa y, cuando se acerca la Virgen de agosto, toca fiesta en las calles de San Cayetano y del Oso que, se engalanan con guirnaldas y mantones de Manila para servir de escenario a los vecinos que bailan chotis, vestidos de chulapos entre vasito y vasito de limonada (que en realidad es una versión de la sangría elaborada con vino blanco). A estas festividades callejeras se ha sumado en pleno invierno, con dragones y platillos, el desfile del Año Nuevo chino.
Por el barrio de Lavapiés se contemplan cosas impensables en cualquier otra zona de Madrid. Conocer Lavapiés es caminar por sus calles sin rumbo fijo, pasear con los cinco sentidos alerta, pues cada establecimiento, cada rostro, puede dar pie a inventar una larga historia... |  |  |  |