 | Por Gerardo Arrarte
| Existen en el centro de Madrid rincones que parecen escapar al vertiginoso correr del tiempo. Pasado y presente conviven en armonía en plazas y callejas adoquinadas. En pocos minutos se pasa del trajín más frenético a una paz casi absoluta. Si en el centro del huracán reina la calma, también la encontramos en medio del bullicio madrileño. Es el Madrid de los Austrias. |    | |  | | |  | Aquí se encuentran las reminiscencias de aquella pequeña villa que se vio encumbrada a capital de un imperio y que contó con vecinos tan ilustres como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora y Velázquez. Uno de los lugares que evocan esas pasadas glorias es la Plaza Mayor, joya arquitectónica del Madrid de los Habsburgo, cuyo gran anfiteatro de balcones fue testigo de actos públicos tan dispares como corridas de toros, festejos de todo tipo y ajusticiamientos. Resulta especialmente interesante la fachada de la casa de la Panadería por los frescos que la decoran y el arco de Cuchilleros, rincón típicamente madrileño donde los haya. |    | |  | © I. Gardy / ViaMichelin La plaza Mayor, joya arquitectónica del Madrid de los Habsburgo.
 |  | Los arcos que se abren en torno a la plaza nos invitan a emprender alguno de los múltiples paseos posibles. Por uno de ellos llegamos enseguida a la Puerta del Sol, corazón de la ciudad, tradicional escenario de multitudinarias celebraciones de fin de año y centro de uno de los barrios comerciales más activos. Muy cerca se encuentra el Monasterio de las Descalzas Reales, que constituye el más sorprendente remanso de paz en medio de tanto trajín urbano y alberga una importante colección de arte. Otro arco de la plaza Mayor, nos conduce a uno de los edificios emblemáticos del Madrid de los Austrias: el Palacio de Santa Cruz, que fue cárcel de corte y hoy es sede del Ministerio de Asuntos Exteriores. A pocos metros está la calle Toledo, que arranca también de la Plaza Mayor y nos conduce al barrio de La Latina y a la zona del Rastro, que los domingos bulle de gente ansiosa por rebuscar en los mil puestos de este mercado callejero, y que siempre resulta un paseo atractivo por el gran número de almonedas y tiendas de antigüedades que abundan en sus calles. |    | Varios callejones comunican la plaza Mayor con la calle del mismo nombre. Por ella se llega a la Plaza de la Villa, espacio rodeado por varios edificios interesantes. Entre ellos destaca la Casa de la Villa, que, con su fachada de granito y ladrillo visto, sus tejados de pizarra y sus torres coronadas por elegantes chapiteles, es otro buen ejemplo de la arquitectura civil madrileña de época de los Austrias. Al final de la calle Mayor, llegamos a la zona elevada de la calle Bailén, que nos ofrece, además de la grandiosidad monumental del Palacio Real, la Plaza de Oriente y la Catedral de la Almudena, unas hermosas vistas hacia la Casa de Campo. Este lugar, llamado Las Vistillas, da nombre a uno de los barrios más pintorescos de la ciudad, al cual se llega cruzando el viaducto que salva los desniveles del terreno. Cobra especial animación en mayo, con motivo de los festejos populares de San Isidro, y en agosto, con la tradicional verbena de la Paloma. |    | |  | © I. Gardy / ViaMichelin La catedral de la Almudena
 |  | Las calles y plazas de las Vistillas y La Latina brindan al viajero mil rincones mágicos que descubrir, como la Plaza de la Paja, que parece ajena al paso del tiempo, o los siempre animados mesones y tabernas que se agrupan en torno a las calles Cava Baja y Cava Alta. Más allá de los grandes monumentos, es en cualquier recodo de un callejón solitario donde reside el auténtico espíritu del Madrid de los Austrias. |  |  |  |