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DESTINO

 

El Valle del Jerte, blanca primavera

01/03/03
Por J.A. López Pizarro

Al norte de la provincia de Cáceres, abriéndose paso desde Plasencia a tierras de Castilla por las estribaciones de la Sierra de Gredos, se encuentra el Valle del Jerte, la tierra de los cerezos.




Tornavacas y su puerto marcan el límite septentrional del Valle, justo antes de llegar a la provincia de Ávila. Aquí, en el puerto, en el Mirador del Jerte, tenemos una de las vistas más hermosas y de conjunto de los once pueblos que componen este formidable mosaico natural. Algo parecido debió pensar en su día el emperador Carlos I camino de su retiro a Yuste cuando paró en Tornavacas y decidió hacer noche. Fue aquel un viaje real que dejó numerosas huellas a lo largo del Valle y que siguió el trazado de la actual carretera N 110, que lo atraviesa de un extremo a otro.
No lejos de Tornavacas nace el río que da nombre al valle, que algún autor señala de origen griego, de "xerte", alegre, aunque la etimología más extendida hace derivar el nombre del árabe "xerit", estrecho, explicable por el tortuoso cauce entre rocas en sus primeros tramos. El Jerte, a lo largo de casi cincuenta kilómetros no sólo riega los bosques de cerezos que dominan el valle, sino que es el sostén de un importante ecosistema de flora y fauna único, con parajes declarados Reserva Natural, como la Gargantas de los Infiernos, cerca de la villa de Jerte, un lugar en el que el río crea un paisaje sorprendente, con cascadas y piscinas naturales, que albergan especies tan raras en el resto de la península como la nutria.




Si bien fueron los árabes quienes extendieron el cultivo del cerezo en la zona, el árbol ya estaba presente en estas tierras desde los tiempos de la dominación romana, en los que el historiador Cayo Plinio llega a enumerar las variedades de cerezas que se obtenían. Desde entonces el valle ligó su historia al cerezo, una unión que anualmente se pone de manifiesto al llegar la primavera, cuando el árbol blanquea toda la cuenca del Jerte. Éste es un espectáculo del que hasta hace no mucho eran silenciosos testigos sólo los propios jerteños. Pero algo así es difícil de ocultar y poco a poco empezaron a llegar los visitantes, que año tras año vuelven a sus casas con un insólito paisaje grabado en sus retinas: alrededor de un millón de cerezos floreciendo al mismo tiempo. Hoy día, visitar el valle del Jerte durante la floración de los cerezos (este año prevista para mediados de marzo) es una cita a la que acuden miles de personas de todos los rincones del país. Coincidiendo con ella, en el valle se organiza la Fiesta del Cerezo en Flor, un festejo que organizan conjuntamente todos los pueblos. Es una buena excusa para recorrerlos, conocer sus gentes y su folklore, comer un recio plato de frite extremeño, esa caldereta local de cordero, fuertemente sazonada con pimentón, acompañada de un vaso de vino de pitarra, y disfrutar del espectáculo de los cerezos degustando el kirsh local. Este año la Fiesta del Cerezo en Flor se inaugura en El Torno, un precioso pueblo serrano en el extremo sur del valle, famoso por su vino. El río fluye aquí más abierto y tranquilo. Está próximo a abandonar el valle y le espera Plasencia, la "Perla del Jerte".


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