 | Por J. A. López Pizarro
| Tenerife es la mayor de todas las islas Canarias y también la más visitada, su clima permite disfrutar del sol y el mar en pleno invierno. Una vez en la isla, quienes buscan playas y bronceado se dirigen al sur. El norte, más fresco y húmedo, ha escapado tradicionalmente a la presión turística y quizá por esto las ciudades tinerfeñas mejor conservadas, las que mantienen su primitivo aire colonial, las encontramos en el norte. Salimos a su encuentro en una ruta que discurre entre La Orotava y el Valle de El Palmar: no más de cincuenta kilómetros que concentran algunas de las joyas urbanísticas de la isla chicharrera. |      | A 35 km de Sta.Cruz de Tenerife De La Orotava y su valle se cuenta siempre la impresión, cercana al shock, que le produjo a Alexander Von Humboldt (uno de los padres de la geografía moderna) cuando la visitó a mediados del s. XIX. Llegó a describirla como el más bello rincón del mundo, y llegado el momento de la partida abandonó Tenerife con lágrimas en los ojos. Aún en nuestros días, el valle de La Orotava conserva el esplendor paradisíaco de antaño, con una vegetación exuberante, grandes extensiones de plataneros y un relieve que impresiona. Junto al herreño de El Golfo, el de La Orotava es uno de los valles más hermosos de todo el archipiélago. La Orotava guanche es hoy el municipio tinerfeño más extenso, incluyendo su término la mayor parte del Parque Nacional de las Cañadas del Teide, al que podemos acceder por la carretera TF-21. Ésta nos conduce hasta el Centro de Visitantes de El Portillo, donde podremos solicitar los permisos necesarios para conocer a pie de volcán este espacio protegido. Magníficamente conservada, La Orotava dependió originariamente del cercano y turístico Puerto de la Cruz, hasta que su segregación en el s. XVII, aunque mantienen todavía estrechos vínculos, como la Hijuela del Botánico, especie de sucursal orotavense del histórico Jardín Botánico de Puerto de la Cruz. La Orotava sin embargo ha tomado un camino propio en cuanto a lo que ofrecer al visitante, algo que se aprecia contemplando la iglesia de la Concepción, monumento nacional de una elegante mezcla de estilos barroco y colonial; la Casa de los Balcones, que alberga un interesante centro artesano, o las alfombras "tejidas" con arena volcánica y flores con que los orotavenses cubren sus calles durante las Fiestas del Corpus. |      | A 23 km de La Orotava Antes de llegar a Icod, sin apenas desviarnos, haremos una visita a San Juan de La Rambla, a 14 km de La Orotava, una pequeña ciudad señorial con casas del s. XVIII y coquetas calas de arenas negras. Aunque en la actualidad no quede el más mínimo rastro, nos encontramos ante uno de los más importantes núcleos guanche previos a la conquista castellana. Icod de los Vinos está construida en las faldas del Teide, montaña prácticamente visible desde toda la isla pero que aquí ofrece una visión majestuosa. Si intentamos imaginar la sobrecogedora imagen del Teide en erupción hace cientos de años es fácil comprender que los guanches llamaran a aquella cumbre la Boca del Infierno. Icod también ofrece el mismo cuidado urbanismo que La Orotava, con la perla de su Plaza de la Pila, un rincón de postal. El estilo colonial canario, que da a sus pueblos ese aire acogedor tan característico, se puede disfrutar aquí junto a unos excelentes vinos blancos de la tierra, los vinos de Icod, fruto de viñedos criados sobre malpaíses, nombre que reciben las viejas lavas. Esta ciudad, en la que se plantaron en 1622 las primeras papas traídas de América, también es poseedora de otro de los grandes símbolos de la tierra canaria: el Drago milenario. No es un árbol único, posiblemente tampoco sea el más antiguo -la edad de éste no se conoce con exactitud, oscilando entre los 500 y 2.000 años- pero su estampa recortada sobre la figura del Teide ha llevado el nombre de Icod por todo el mundo. |      | A 27 km de La Orotava Quizás porque fue destruido por completo por la lava del Teide en 1706, los habitantes de Garachico han tenido desde siempre un mimo especial cuidando su pueblo, que fuera puerto para la exportación de los vinos de Icod. Maravillas naturales, como el Roque de Garachico o el Parque Natural de las Corona Forestal del Teide rivalizan con una villa que ha recibido varios premios por el esmero y pulcritud con que se conserva. De aquella destrucción algo positivo permanece: el río de lava que devastó Garachico avanzó hacia el océano, y al enfriarse se solidificó formando un largo dique natural conocido como el Caletón de la Villa. Un lugar que se ha convertido en animada zona de pesca, baño y paseo. |    | Buenavista del Norte - Valle de El Palmar |   | A 35 km de La Orotava Buenavista del Norte, por su situación alejada de los principales centros turísticos de Tenerife y su relieve montañoso, que propicia cierto aislamiento, es de las poblaciones en que mejor se han preservado la antigua cultura canaria, desde el diseño de las casas hasta expresiones folklóricas como el baile de Las Libreas, una de las danzas más antiguas de Canarias. Fundada por portugueses y andaluces -cuenta con un "barrio de Triana" y se nota su influencia en el trazado urbano- posee un término municipal en el que abundan parajes naturales excepcionalmente variados, como un prehistórico bosque de laurisilva en el Monte del Agua, el parque natural de las montañas del Teno o los descomunales acantilados de Los Gigantes. Junto a ellos tiene especial interés la última etapa de nuestra ruta, el valle de El Palmar: un lugar en el que el tiempo parece haberse detenido. Sus antiquísimos pueblos se alzan dentro de un inmenso circo montañoso cerrado y atravesado por un profundo y estrecho barranco y restos erosionados de volcanes. El valle de El Palmar es de esos sitios en los que podemos sentir con desacostumbrada intensidad cuán viva está la tierra que pisamos. |  |  |  |