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DESTINO
 

El Hierro, meridiano cero

01/02/03
Por J. A. López Pizarro

Hay algo extremo en El Hierro. La más pequeña y joven, geológicamente hablando, de las Islas Canarias es el territorio más occidental de España, el más cercano a América, la frontera para los antiguos entre el Atlántico y el Mar Tenebroso. Esta idea de la isla como límite entre dos mundos estaba bien presente en aquellos cartógrafos franceses que, a mediados del siglo XVII situaron en Punta de Orchilla, el extremo más meridional de El Hierro, y también de España, el Meridiano Cero... Esto ocurría muchos años antes de que se trasladara a Greenwich.




El Hierro es una isla bien comunicada con el exterior -tiene aeropuerto a 6 km. de Valverde, la capital, y ferry que la enlaza a diario con Tenerife y La Gomera- pero los desplazamientos a través de la isla son largos y dificultosos a causa de la orografía. No existe, al igual que en otras islas, una carretera que la circunde sino que muchas de estás mueren en su destino. Responsable de este accidentado relieve es la cresta montañosa que se eleva sobre el gigantesco valle de El Golfo, el accidente geográfico más sobresaliente de la isla y que ocupa gran parte de ella. Saliendo de Valverde, el mirador de La Peña es el primero que nos permite ver el valle en toda su magnitud. Parecería que nos encontramos ante la mitad no hundida de un colosal cráter, aunque la teoría más asentada explica la formación del Golfo por el deslizamiento hasta el mar de una montaña de más de dos mil metros de altura. Ésta provocó una ola tan enorme que alcanzó la costa americana.
El Golfo desde el mirador de La Peña provoca la paradoja de observar un paisaje de apariencia descomunal en tan pequeña porción de tierra, pero El Hierro es toda así, desproporcionadamente bella, un continente en miniatura que abarca desde la frondosidad de los bosques centrales de laurisilvas hasta el desierto de lava de El Julán, o desde el inhóspito y duro paisaje del Sabinal, en el que sabinas de apariencia pétrea se retuercen y arrastran luchando contra los alisios, hasta la exuberancia de los fondos marinos de La Restinga, un paraíso para el buceo conocido internacionalmente.




Pero además de sus riquezas naturales, El Hierro conserva envidiablemente un patrimonio histórico y cultural casi exclusivo. Aquí se encuentran restos de las edificaciones de los primitivos habitantes de la isla, los bimbaches, o de los primeros colonos normandos que desembarcaron con Jean de Bethencourt allá por el siglo XIV. Por tener, El Hierro tiene incluso el hotel más pequeño del mundo, el Punta Grande: cuatro habitaciones en una antigua oficina de aduanas construida sobre un promontorio contra el que rompen las olas.
Los herreños son también depositarios de una ancestral tradición artesana que mantienen como parada en el tiempo: siguen usando antiguos telares de madera para confeccionar prendas o tapices de lana; los ceramistas emplean barro de estas tierras volcánicas y los artesanos de la madera construyen tanto tradicionales instrumentos musicales como pinzas para coger higos chumbos. Durante el verano, en los pueblos de El Hierro no se encuentran chiringuitos, sino mercados de artesanía.