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DESTINO
 

La Gomera, el fósil verde

01/02/03
Por J. A. López Pizarro

El doce de agosto de 1492, Cristóbal Colón desembarcó en San Sebastián de La Gomera camino del Nuevo Mundo. Hacía el último alto antes de adentrarse en el Mar de las Tinieblas para hacer acopio de leña, alimentos y, sobre todo, de agua, "el agua con la que se bautizó América", según reza una inscripción en el lugar de aquel aprovisionamiento, la Casa del Pozo de la Aguada, actualmente convertida en oficina de turismo.




Para llegar a La Gomera la opción preferida por los visitantes es imitar a Colón y llegar en barco a San Sebastián, sea desde Tenerife, sea desde las otras islas. El recién construido aeropuerto queda por lo general muy lejos, en tiempo y kilómetros de los destinos gomeros más frecuentes.

San Sebastián de La Gomera, su capital, tiene el estilo colonial y aire tranquilo de los pueblos canarios. Es una ciudad sin grandes edificios ni monumentos históricos, excepción hecha de la iglesia de la Anunciación, la Torre del Conde o alguna que otra casa señorial. La Torre del Conde fue construida por los Peraza, primeros gobernadores de estas islas, y en ella vivió Dª Beatriz de Bobadilla, dama de legendaria belleza, esposa del regidor de Gran Canaria, que pasó a la historia como desterrada amante del rey Fernando el Católico.
Desde San Sebastián de La Gomera sólo 20 km nos separan de La Hermigua, villa rica en artesanos y viejos telares, derramada sobre uno de los más hermosos valles canarios. Cerca de La Hermigua está Agulo, pueblecito levantado frente al mar entre cráteres volcánicos y cataratas, la patria de la Princesa Gara, amada de Jonay.
Al final de la carretera, ya casi a cincuenta kilómetros de San Sebastián, aparece anunciado por el Roque Cano el pueblo de Vallehermoso, otro de los pequeños edenes de La Gomera e importante productor de la apreciadísima miel de palma.
Hemos visitado una parte de la isla, y queda aún muchos sitios por conocer, pero quien desee llegar al corazón de La Gomera, a su auténtica esencia, debe encaminarse a Garajonay.




El Parque Nacional de Garajonay, declarado Patrimonio de la Humanidad, está enclavado en el centro mismo de La Gomera, en una meseta hundida sobre la que crece el bosque de laurisilva más importante del mundo. Compuesto por laureles, helechos, fayas, brezos y viñátigos, entre otros, los bosques de laurisilvas cubrieron durante el terciario, hace más de un millón y medio de años, toda la cuenca mediterránea y el norte de África. Fue la evolución climática quien lo hizo desaparecer prácticamente de forma generalizada.
Adentrarse en el parque, caminar entre helechos gigantes y fantasmales árboles cubiertos de musgo, oír el revoloteo de las palomas turqué y rabiche, reliquias voladoras, atravesar verdes espesuras envueltos entre la niebla, sintiendo en nuestro rostro la lluvia horizontal que trae la vida al bosque nos evoca de alguna forma un tiempo en el que los dinosaurios se extinguían, los continentes terminaban sus largos desplazamientos y el homo erectus pensaba que era hora de abandonar África.
Garajonay no sólo es un paraje natural único o el escenario de una trágica historia guanche de amor. Es también una posibilidad única y sobrecogedora de pasear por nuestra prehistoria.