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La cocina de Tenerife

01/02/03
Por J. A. López Pizarro

Es inevitable: al hablar de cocina canaria lo primero que se nos viene a la mente es el gofio y la papa arrugá. Esto no tiene mayor relevancia cuando consideramos que son tan sólo los dos productos más conocidos de la cocina isleña, pero puede resultar desastroso si nos hace olvidar el resto de un patrimonio culinario excepcionalmente rico y cargado de reminiscencias de varios continentes.




En el siglo XV, el médico austriaco Jerónimo Münzer escribía de los guanches que era un pueblo que no comía pan, "sino cebada machacada que mezclan con agua o leche". Es quizás una de las primeras referencias escritas al gofio, un alimento que ha evolucionado tanto en componentes como en preparaciones. El gofio siempre tuvo un incuestionable peso en la dieta de las islas, desde donde fue exportado a países americanos como Venezuela o Brasil.
En la isla de Tenerife la papa es casi una institución. No hablamos de un tubérculo que sirve de guarnición, sino de la materia prima de potajes, sopas, dulces y otros condumios. Y no deberíamos hablar de "papa", sino de "papas". Las variedades son tan numerosas como sonoros sus nombres: bonitas negras, blancas o coloradas; azucenas blancas y negras; siete cueros; moras o la negrita, autóctona esta última de la isla de El Hierro. El cultivo de la papa en Tenerife tiene incluso incidencia en la prevención de incendios forestales, al usarse el peligroso rastrojo del monte como abono.




Los potajes nos hablan de la influencia de la cocina española peninsular en los fogones canarios. De los más celebrados es el que se elabora en La Gomera con berros, y que suele ir servido en cuencos de madera de ese árbol retorcido por los alisios que es la sabina. También en La Gomera y en El Hierro se hacen unos excelentes quesos picantes de cabra y oveja. El Almodrote es una preparación de origen medieval que ha sobrevivido en La Gomera. Se elabora mezclando queso de La Gomera con ajo y aceite de oliva y se come untado en pan o papas cocidas: sólo apto para paladares curtidos.
De la península no llegaron sólo influencias españolas: uno de los postres más típicos de Tenerife, los huevos moles, arribaron desde Aveiro, la llamada Venecia portuguesa, y se integraron junto a las quesadillas de Valverde, de El Hierro, o al frangollo de La Gomera como una delicia más de la exquisita dulcería autóctona... Y es que nunca faltó en las Canarias el azúcar de caña del Caribe.
Caribeño es también el origen de la elaboración de ron en Tenerife. Si a este ron le añadimos miel de palma, la dulce pulpa de la palmera canariense cultivada sobre todo en La Gomera, obtenemos esa perdición de licor llamado ronmiel.
La vid está presente en Canarias desde el siglo XIV. Pero la historia vinícola de las Islas está llena de altibajos y por eso nos encontramos con la paradoja de que los vinos de Tenerife, a pesar de ser la provincia con mayor número de denominaciones de origen -cinco en la isla de Tenerife, una en El Hierro y otra en La Palma-, y la incuestionable calidad de estos caldos, no se encuentran entre los más populares de España. El más conocido de los vinos de Tenerife es hoy por hoy el Malvasía, un vino de producción muy limitada y que desgraciadamente para muchos es más fácil de encontrar en las obras de Shakespeare que en las mesas de los restaurantes o en los estantes de las licorerías.