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DESTINO
 

Jaca, pasado y presente

01/01/03
Por Sergio Sánchez Lanaspa

Cuando el valle del Aragón se abre y se distingue a lo lejos la inconfundible silueta de la Peña Oroel, el viajero adivina ya la presencia de su cabecera: Jaca, la primera capital del Reino de Aragón, ciudad fetiche para la realeza y burguesía aragonesas, lugar de descanso eterno de la dinastía pirenaica y referencia permanente en la historia de la península.




Jaca derribó su muralla en 1911, pero todavía conserva un tramo de escasos doscientos metros que nace junto al Real Monasterio de las Benedictinas y se alarga paralelo al llamado Paseo de Invierno. Al otro extremo de la antigua muralla se desarrollan en la actualidad trabajos de excavación arqueológica que han sacado a la luz los sillares de la antigua iglesia de San Pedro el Viejo, de estilo prerrománico y anterior a la Catedral, que fue derribada en el siglo XIX.




Jaca vive a caballo entre su pasado y su futuro. El visitante puede admirar su pasado no sólo en la Catedral de San Pedro (s. XI), cuna del Románico español y ejemplo del trabajo anónimo del llamado Maestro de Jaca, cuyo popular "ajedrezado jaqués" se repetirá por doquier a lo largo del camino jacobeo -como en Santo Domingo de la Calzada o Zamora- sino también en el puente románico de San Miguel; en la grandiosa Ciudadela (s. XVI) que Tiburcio Spanocchi dibujó por encargo de Felipe II y que ha quedado como último vestigio europeo (junto a la de Lieja) de una arquitectura militar preciosista, así como en otros ejemplos menores como la Torre del Merino o el Museo Diocesano.

Su presente se percibe también con fuerza: su desarrollo urbanístico, su triple candidatura a la organización de unos JJOO de Invierno, la pujanza de su comercio y hostelería; y un aroma a capital de montaña, del esquí y el hielo que la hace cosmopolita y alpina. Sabor a pueblo y ciudad a la vez que se distingue en su gastronomía, centrada en la carne -cordero, cerdo y ternera- y en los productos de su huerta. Cabe hacer mención expresa para repostería y pastelerías locales que llenan sus escaparates de Rosquillas de Santa Orosia, Huesos de Santo, Lazos de Jaca, Patatas de Jaca, Jaqueses, Condes y un sinfín de delicias azucaradas.




Una edificante manera de conocer el casco antiguo de Jaca puede ser a través de una ruta gastronómica de tapeo que recorre las calles Mayor, Obispo, Echegaray, Ramón y Cajal, Ferrenal y Sancho Ramírez. Este recorrido es un paseo por los siglos XVIII y XIX, desde la parte noble de la ciudad -Palacio del Obispo, Ayuntamiento- a las casas de origen agrícola y ganadero en el sur del casco. De camino habremos atravesado el nudo comercial de Jaca y degustado sus mejores especialidades. En cada establecimiento suele haber una tapa estrella, no sea tímido y pregunte por ella.

Entre los signos de modernidad destaca la zona deportiva que a partir de 1972 albergó la segunda pista de hielo construida en España tras la de Barcelona. La veterana infraestructura ha albergado dos universiadas, una docena de campeonatos mundiales de patinaje artístico para profesionales y un fenómeno sociológico de locura por el hielo que convirtió al Club Hielo Jaca en la primera referencia de los deportes de hielo en España, hockey y patinaje, sobre todo a partir de la década de los noventa. La pista sólo cierra dos meses al año -en otoño- por cuestiones de mantenimiento y el resto del año abre sus puertas al público sin descanso semanal. El principal inquilino de la pista de hielo es el Club Hielo Jaca de hockey, que sábado sí, sábado no, reúne en ella a más de mil quinientos incondicionales.