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DESTINO
 

Canfranc, esplendor en el pirineo

01/01/03
Por J. A. López Pizarro

La villa oscense de Canfranc, situada en el valle del río Aragón, a 12 km de Somport y 19 km de Jaca, nace vinculada al Camino de Santiago, documentándose la existencia de una hospedería ya en el año 1095. Todavía hoy se conservan restos de aquel tiempo, como su románico puente de los Peregrinos.




Enclavada estratégicamente en uno de los pasos más importantes de los Pirineos, Canfranc nació como un Campus Francus, en el que sus habitantes tenían derecho a cobrar peaje a cambio de mantener transitables sus caminos. Si pensamos que en Somport se levantaba el Hospital de Santa Cristina, uno de los tres grandes de la Cristiandad junto al de Jerusalén y el del Gran San Bernardo, podremos hacernos una idea cabal de la importancia que tenía Canfranc.




El declinar de Somport como puerta de peregrinos en beneficio de Roncesvalles, se hizo extensivo también a Canfranc. Tuvieron que pasar varios siglos para que la villa, de la mano del ferrocarril, recuperara su antiguo protagonismo como frontera entre España y Francia y paso pirenaico. En 1903 comenzaron las obras del túnel ferroviario de Somport, lo que influyó hasta tal punto en Canfranc que lo "cambió" de sitio. La población se desplazó 4 km hacia el norte, hasta el antiguo poblado de Los Arañones, junto a las obras del túnel, lugar que con el paso de los años pasó a llamarse Canfranc Estación para distinguirla de la antigua Canfranc. Hoy son dos núcleos de población dentro del mismo municipio. De esta época es el fuerte militar del Coll de los Ladrones, al norte de Canfranc Estación, y la Torre de Fusileros, al sur, hoy convertida en museo del Camino de Santiago.

Paralelamente a la construcción del túnel, un viejo proyecto hispano francés iba tomando cuerpo en Canfranc: la construcción de una estación internacional. Fue así cuando en 1928 fue inaugurada la más bella estación de ferrocarril de España, un elegante edificio modernista rodeado de impresionantes montañas.




Desde entonces, la Estación Internacional ha tenido una vida azarosa. Cerrada durante la Guerra Civil, cobró importancia con la II Guerra Mundial. Al ser ocupada Francia, la Gestapo llegó a Canfranc para controlar la zona de jurisdicción francesa. Refugiados, perseguidos, espías, miembros de la Resistencia, pilotos derribados.... todos pasaron por Canfranc para entrar o salir de una Europa en guerra. Albert Le Lay, el jefe de la aduana francesa de Canfranc hasta 1943, personifica el papel de la estación internacional durante la guerra: espía aliado, facilitó el paso de la frontera a quienes huían y permitió la entrada en Francia de material de guerra o espías.

En 1970, un tren descarriló en el puente de L'Estanguet, cerca de la ciudad francesa de Oloron, e inutilizó el enlace ferroviario con España. Francia decidió no reparar la vía y Canfranc se quedó sin tren. Empezaba el ocaso de la estación internacional, que al poco fue clausurada y abandonada.




Desde entonces la estación ha vivido un proceso de degradación continuo, sin uso y cerrada a la visita de quienes se acercan a ver esta hermosa y solitaria catedral del ferrocarril. Sin embargo parece que este tiempo oscuro toca a su fin: hoy por hoy, un consorcio público lleva adelante un ambicioso proyecto que, aparte de rehabilitar la vía férrea, convertirá la antigua estación en un hotel de cinco estrellas y la explanada en la que se sitúa en un complejo turístico cultural. Esto hará de la estación una parada obligatoria para los miles de visitantes de las estaciones de esquí de Candanchú, Astún y Formigal, y un aliciente más para quienes visitan Canfranc. El futuro regresa a esta villa, y otra vez de la mano del ferrocarril.