 | Por J.A. López Pizarro
| Como tantísimas cosas en esta tierra, la Navidad en Galicia tiene un componente sincrético que conjuga tradiciones cristianas con otras que se pierden en la noche de los tiempos, posiblemente traídas a este rincón de la península por aquellos primeros pobladores celtas que también en su día vertieron y mezclaron en su propia cultura elementos ajenos. |    | Ante todo, la Navidad en Galicia es una fiesta familiar, algo casi obvio hablando de estas fechas. Las familias suelen reunirse en casa a cenar en noiteboa, no a comer pavo como manda el tópico, sino bacalao con coliflores. Si se sigue la opinión de Álvaro Cunqueiro, el escritor de las brumas y los fantasmas de esta tierra y gastrónomo reputado, el bacalao debe acompañarse de un treixadura o buen vino de Ribeiro fresco. La costumbre del bacalao con coliflor en nochebuena nace en el antiguo carácter de vigilia de esta fiesta, que aparejaba la habitual prohibición de comer carne. |    | Pero en Galicia la Navidad es familiar hasta lo mágico, ya que no sólo es la familia la que se reúne en estos días a comer y cantar panxoliñas o nadales, que es como se denominan a los villancicos, sino que existe la leyenda de que también los antepasados acuden en ese día al hogar a calentarse en torno al fuego del lar. Precisamente ese rincón de las casas, el lar o lareira, hoy casi inexistente salvo en zonas rurales, es el protagonista de otra tradición navideña. Hablamos del Tizón o Cepo de Nadal, un madero grueso, generalmente roble, que se ponía al fuego en nochebuena, pero que se dejaba arder sólo hasta la mitad. Luego se apartaba de la lumbre y se guardaban los carbones, a los que se atribuían propiedades mágicas. Así, en los días de tormenta, se sacaban y echaban al fuego, para proteger la casa de los rayos o el pedrisco. |    | Si en nochebuena fue el bacalao el protagonista de la mesa, en Navidad corresponde el turno al apreciadísimo capón. Días antes, el 21 de diciembre, en la lucense Villalba, se celebra la Feria del Capón a la que acuden compradores de toda España ante la gran demanda de los criados en granjas gallegas. |    | El marisco de las costas gallegas no tiene fechas concretas: está presente en la cena de nochebuena, en la comida de Navidad, y durante los restantes días de fiesta, porque no se entiende en Galicia una comida navideña sin su presencia. Centollos, nécoras, cigalas, bogavantes o percebes adquieren la condición de imprescindibles en estas fechas, sea en su preparación tradicional -cocidos-, o en presentaciones más elaboradas como la de las vieiras estofadas, acompañados, naturalmente, por vino Albariño. |    | Otra prueba del sincretismo de estas tierras fue la adopción del árbol de Navidad, aunque dada la particular relación que une a gallegos y árboles, no sería de extrañar que ya desde tiempos remotos los gallegos tuvieran la costumbre de adornar un árbol para celebrar las fechas señaladas. |  |  |  |