| Cristino de Vera (Santa Cruz de Tenerife, 1931) inició su formación en su Tenerife natal para continuarla luego en el taller madrileño de Vázquez Díaz. A lo largo de su carrera ha sido distinguido con galardones tan destacados como la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes (2001) y el Premio Nacional de Artes Plásticas (1998). Para la ocasión, De Vera ha donado al monasterio cincuenta obras (tinta china sobre papel) realizadas expresamente para la exposición e inspiradas por sus propias vivencias en este espacio monacal (ver artículo "De las aguas del Duero a las piedras de Silos"). En ellas el artista vuelve a recurrir, con el rigor que le caracteriza, a sus temas preferidos: grandes espacios, cruces desnudas y tazas vacías.
Las obras van acompañadas de textos de autores como Simone Weil, André Malraux, Vincent Van Gogh, Paul Cezanne, Mark Rothko, Fray Luis de León o San Juan de la Cruz, seleccionados por el propio Cristino de Vera. Otros diez textos han sido escritos por de Vera para ayudar al espectador a ahondar en el significado de sus creaciones.
La clave de toda su obra nos la da el artista cuando define lo que es para él el silencio, elemento que, junto a la austeridad y a la búsqueda de la luz, impregna toda su obra: "Un hombre, si es digno, habla lo justo de sí mismo. Y si es más digno, deja al silencio y a las cosas que le han acompañado en el vivir y en el hacer que sean los que digan por él..." |