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DESTINO
 

Una playa con mucha leyenda y un tranvía

01/09/02
Por Carmen Duerto

Aunque sólo diste 3 km del centro, ir a la playa en Valencia siempre fue, según el intelectual valenciano Vicent Marqués, una excursión. Para Marqués, esta ciudad siempre ha vivido de espaldas al mar y no fue hasta principios del siglo XX cuando la incorporación de los poblados marítimos de Canbayal, Nazaret y Malvarrosa a la ciudad tuvo lugar. Aún así seguimos diciendo "vamos al mar", porque no sentimos que estemos en el mar.




De entre los tres poblados mencionados, es sin duda el de La Malvarrosa el más cargado de leyenda. No en vano fue el escenario elegido por Blasco Ibáñez para hacerse construir su palacete modernista y fue su luz la que el pintor Joaquín Sorolla plasmara en sus lienzos. Después llegaría el mítico tranvía con destino a la Malvarrosa, inmortalizado por la novela de Manuel Vicent.
Si bien es cierto que la burguesía valenciana prefería veranear en el interior -en los montes de Teruel, en Barracas o en Navajas- sí que tenían a bien acudir a los balnearios de La Malvarrosa como el de las Salinas o las modernistas Termas Victoria. Estas últimas eran un exclusivo establecimiento que acogía entre otros clientes ilustres a Sorolla, a los hermanos Benlliure, a Cecilio Pla, a Degrain o a Ignacio Pinazo.




Al halo de leyenda también contribuyó Ernest Hemingway. El incansable viajero ensalzó la paella de La Pepica, local que sigue existiendo y comparte fama y popularidad con La Marcelina, considerado el chiringuito más antiguo de la playa, o La Rosa, donde se reunían los intelectuales y políticos de la época.
Poco a poco, la leyenda se extendió y los veraneantes empezaron a comprar las casas de los pescadores y obreros que vivían en los poblados. La alta burguesía valenciana empezó a construir lujosas casas y el espíritu marinero y popular fue dejando paso a otro muy distinto. Fue la época de esplendor del denominado modernismo popular valenciano.

En la actualidad, las cerámicas de las fachadas son el mejor testigo de aquel momento y la zona ha sido declarada "Bien de Interés Cultural". El palacete de Blasco Ibáñez ha sido transformado en Casa-Museo y alberga, además de los objetos personales del autor, un importante centro de documentación sobre su obra.




Aprovechando la leyenda, en 1994 se recuperó el famoso tranvía, desaparecido en los años setenta y hoy convertido en una especie de tren de cercanías. También se regeneró la playa y se construyó un amplio paseo marítimo que en los meses de calor cuenta con mucha animación nocturna, ya que algunas barracas y palacetes, como el de las mencionadas Termas Victoria, se han convertido en concurridos lugares de ocio.



 

Informaciones prácticas

Tranvía: Línea 4 Ademuz-Grao

Casa Museo Blasco Ibáñez
C/ Isabel de Villena, 159
Valencia