| ViaMichelin: ¿Cuáles son los lugares que conforman su Valencia más íntima? ¿Qué lugares suele visitar cuando vuelve a su ciudad? Ana Juan: Hace ya muchos años que dejé Valencia por lo que es inevitable que mis recuerdos no tengan mucho que ver con la ciudad en la que se ha convertido. Cuando vuelvo a caminar por sus calles echo de menos muchas cosas: tiendas que se convirtieron en bares, edificios que se desvanecieron... Incluso el placer de comer en los merenderos de la Malvarrosa con los pies desnudos en la arena se ha esfumado. El barrio más vivido por mí ha sido sin dudarlo el Barrio del Carmen, pero antes de su remodelación cuando, el ahora llamado Centro del Carmen, era la Escuela de Bellas Artes de San Carlos donde estudié. Es extraño volver y ver como las inmensas y caóticas salas góticas donde había pasado tantas horas albergan en la actualidad exposiciones y se han convertido, junto al IVAM, en un punto clave de la vida cultural no solo valenciana sino del mundo entero. Pasear por este barrio, tomarse una copa en cualquiera de los locales de la calle Caballeros y admirar desde alguna puerta entreabierta los palacios de estilo gótico-mediterráneo que existen en esta vía me reconcilia con la ciudad. Otro lugar donde procuro perderme y que me parece imprescindible por su peculiaridad es el Mercado Central. He conocido muchos mercados en mis viajes pero ninguno tan bonito y vivo como éste. En él encuentro los sabores de mi infancia, esas pequeñas cosas que son imposibles de ver en ningún otro lugar como los "formatgets"... Incluso las vendedoras son conscientes de ser parte de un lugar privilegiado y como tal lo celebran todos los días, siempre guapas, almidonadas y maquilladas. Al salir del mercado, detrás de la lonja de comerciantes hay una pequeña plaza, la Plaza Redonda, donde los domingos se celebra un pequeño mercadillo. Mi padre siempre me compraba tortugas, canarios, hamsters... Los días de diario es un lugar recogido, con sus pequeños comercios y un aire muy italiano.
Alguien que como Vd. se ve obligada a viajar por su trabajo, ¿todavía suele preparar un viaje con antelación?, ¿sigue encontrando placer en el viaje?, ¿consigue mirar los lugares recién descubiertos con ojos siempre nuevos?... Por mi trabajo precisamente puedo permitirme viajar a contra corriente. Suelo disfrutar de una ciudad tan bulliciosa como Madrid cuando se queda vacía y hacer las pequeñas escapadas en días de diario. Esto me permite disfrutar de los lugares con otra perspectiva. Más que largos viajes, circuitos o recorridos organizados, prefiero pasar temporadas, largas o cortas, en un mismo lugar y vivir la ciudad desde dentro. Adoro conocer sus grandes almacenes, sus mercados y sus pequeñas idiosincrasias, no sólo sus monumentos y museos, en los que por otra parte y aunque no está bien declararlo en voz alta, no suelo encontrar un gran aliciente.
Siempre habla de ciudades, ¿nunca siente la necesidad de perderse en plena naturaleza? Siempre hablo de ciudades porque, tengo que confesar, perderme en la naturaleza una temporada larga no es una idea que me seduzca. En las ciudades encuentro todo aquello que me gusta y que luego inevitablemente aparece en mi trabajo. Gentes, soledades, bullicio y caos. El viaje ideal para mí es aquel donde puedo combinar el trabajo y el placer de descubrir una ciudad. De esta forma he descubierto mis lugares favoritos: Nueva York y Japón. En este último país pasé tres meses. He vuelto en dos ocasiones y regresaré en cuanto tenga oportunidad. |