 | Por Gerardo Arrarte
| |    | Si desde la Grecia Antigua en Occidente hablamos de cuatro elementos, para los japoneses los elementos son cinco: Tierra, Agua, Fuego, Viento (introducen así la noción de movimiento ajena a nuestro estático Aire) y el más importante de todos, el que sirve para organizar todos los demás, el Vacío... Quizá sea éste el mayor mérito del arquitecto e ingeniero Santiago Calatrava, y su mayor aportación a la arquitectura occidental contemporánea. En cada una de sus obras, el valenciano integra la noción de movimiento desafiando la etimología misma de la palabra "inmueble" (inmóvil) y en todas ellas el vacío se convierte en la piedra angular que permite a la materia encontrar su forma. Calatrava ha desarrollado un estilo propio e inconfundible, que conjuga la belleza con la funcionalidad, la obra con su entorno. Pero, ¿en dónde radica el secreto de este técnico y artista genial? |    | Santiago Calatrava Valls nació en Benimámet (Valencia) en 1951. Estudió Arte, Arquitectura y Urbanismo en Valencia y más tarde Ingeniería Civil en Zúrich, ciudad en la que instaló su estudio en 1981. Su formación combina, por lo tanto, los conocimientos y habilidades propias de la arquitectura y de la ingeniería, dos disciplinas hermanas que se han visto escindidas en los dos últimos siglos por la compartimentación de las especializaciones universitarias. En sus proyectos se aúnan así la solvencia técnica del ingeniero y la creatividad del artista. Esta completa formación se complementa con la realización, para cada proyecto, de estudios previos detallados y exhaustivos con el fin de lograr la solución técnica idónea para cada problema. Estos estudios se concretan no sólo en el papel, a través de los bosquejos y cálculos siempre necesarios en cualquier proyecto arquitectónico, sino también en maquetas, e incluso en esculturas a través de las cuales el artista analiza las formas y volúmenes que luego utilizará en sus obras de ingeniería. Las grandes estructuras metálicas y de hormigón de las obras de Calatrava recuerdan a menudo formas orgánicas. En efecto, el arquitecto se inspira en gran medida en la naturaleza. Así, sus obras presentan la ligereza estructural propia de los seres vivos, conseguida gracias a un uso óptimo de los materiales. Asimismo, suelen estar dotadas de flexibilidad y movimiento. Además, estas estructuras de apariencia orgánica no presentan formas elegidas arbitrariamente, sino que se asocian claramente a la función para la cual han sido creadas, como podemos ver a través de algunos ejemplos. |    | Así, la Torre de comunicaciones de Montjuic, en Barcelona, recuerda en su aspecto una figura humana que, desde la ladera que domina la ciudad, levantara en sus brazos abiertos la gran antena ofreciéndola a sus habitantes, del mismo modo que el Aeropuerto de Sondika, en Bilbao, sugiere la forma de un avión. El edificio del Hemisfèric, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, fue concebido para albergar una sala que sirve como planetario y para la proyección de espectáculos audiovisuales. En relación evidente con ese cometido, el edificio se asemeja a un ojo cuyos párpados se abren para comunicarlo con el entorno inmediato. |    | El Puente del Alamillo es el único edificio de Sevilla que puede competir en altura con la Giralda y a pesar del carácter tradicional de los sevillanos este simbólico y moderno caballo de Troya se ha convertido en una de las señas de identidad de la ciudad. No muy lejos, en el recinto de la antigua Expo, el Pabellón de Kuwait solía desplegar su cubierta en forma de hojas de palmera para dejar pasar la luz del crepúsculo. Entre las obras que el arquitecto construye en este momento destacan la Ópera de Tenerife y el Museo de Arte de Milwaukee, en Estados Unidos, que ya recibió de la revista Time la distinción de "mejor realización arquitectónica del año 2001". El edificio presenta dos estructuras metálicas abatibles en forma de gigantescas alas, cuya función es proteger de la luz solar la gran bóveda acristalada del museo. Estas estructuras, al desplegarse, dan al enorme edificio el aspecto ligero y dinámico de un ave que emprende el vuelo.
En pleno auge de su carrera profesional, Santiago Calatrava ha recibido el reconocimiento a su labor a través de numerosos premios. Cabe mencionar, entre otros muchos, la concesión del título de doctor Honoris Causa por parte de una decena de universidades europeas y americanas y el Premio Príncipe de Asturias a las Artes 1999. |  |  |  |