 | Por Carmen Duerto | |    | Dos cosas fundamentales hay que agradecerle al primer rey Borbón de España, Felipe V, y sobre todo a su mujer, Isabel de Farnesio. Por un lado su afición a la pintura, el rey poseía quinientos lienzos y la reina casi mil que fueron el origen de una de las mejores pinacotecas del mundo: el Museo del Prado, y la otra que le compraran a la arruinada reina Cristina de Suecia su colección de 320 esculturas, hoy también en el Prado. Todas esas obras de arte en su día fueron compradas para La Granja y decoraron las estancias de este Palacio. Ambos estaban tan atraídos por este lugar que siguieron a pie de obra la construcción y buscaron por todos los rincones del mundo las piezas, materiales y maestros perfectos para cada rincón. Inmensas secoyas, cedros, castaños de Indias y acebos, regalos del Rey Sol abuelo de Felipe V, preceden la entrada al Palacio de La Granja. Popularmente a las dos majestuosas secoyas se las llama el rey y la reina. Antes de entrar conviene visitar a la izquierda un pabellón con la sala de los tapices, cinco de ellos de Goya y que es la más rica del mundo junto a la de Viena y a la derecha, la Real Iglesia Colegiata de la Santísima Trinidad, una bellísima y barroca capilla, diseñada por Ardemans, donde están enterrados Felipe V e Isabel de Farnesio que situaron en el mundo este prodigio de la naturaleza rico en pinos de Valsain, abundante agua y aire puro. |    | Arañas de cristal de incalculable valor |   | Para el palacio, acondicionado al gusto francés por el rey y con influencia italiana por la reina, se utilizó mármol de Génova, Córdoba y Sevilla, piedra caliza de Sepúlveda (Segovia) y granito de Guadarrama. La decoración interior es obra de Sabatini, Bayeu y Maella. Tras una intensa restauración, que comenzaba a hacerse inaplazable, los frescos y estucos de sus techos abovedados y las florituras de pan de oro pueden contemplarse en todo su esplendor. La visita guiada dura cuarenta y cinco minutos y permite admirar puertas y contraventanas de nogal, olivo y boj; suelos de mármol, mesas de marquetería. La cama con dosel de seda bordada con hilo de plata marcó un hito en la historia real española: era la primera vez que los reyes dormían juntos. Posiblemente la habitación más impresionante sea una pequeña alcoba, que en tiempos estuvo toda revestida de laca china, con motivos orientales y florales y que se salvó en gran parte del incendio que se inició en la farmacia del palacio a principios del s. XX provocando grandes destrozos. También, nos deja con la boca abierta la colección de arañas de cristal de la Real Fábrica, piezas únicas, irrepetibles y de incalculable valor. La visita al interior del edificio se termina en la planta baja, una sucesión de salas abiertas, sin apenas mobiliario que se abren al jardín y en cuyo interior se distribuían las esculturas compradas a Cristina de Suecia y varias fuentes de agua. La salida de Italia de las esculturas se hizo gracias a la mediación del Papa, ya que ese país tenía unas leyes que velaban por su patrimonio artístico, se fueron sacando una a una en cajas y metidas en un barco, hasta que poco a poco consiguieron traerse la colección completa. El palacio ha sido residencia real hasta Alfonso XIII, de hecho el Conde de Barcelona nació aquí y ahora hay una zona privada preparada por si en cualquier momento la actual familia real quisiera venir. |    | Veintiséis grupos de fuentes |   | Lo más espectacular del palacio son los jardines que lo rodean. Aunque popularmente se les llame "el pequeño Versalles", no tiene nada que ver con los jardines del Rey Sol. La orografía aquí es más abrupta, lo que sí se hizo fue inspirarse en el diseño de jardín "a la francesa". Los exteriores fueron proyectados por los jardineros Carlier y Boutelou, que siguieron el modelo francés: avenidas arboladas, bosquecillos, parterres, esculturas y veintiséis grupos de fuentes. Uno de los mejores conjuntos del mundo, con juegos acuáticos de luz y sonido, que salpican los seis kilómetros de caminos. |  |  | |