| ViaMichelin : Dicen los gallegos que nadie ha retratado tan bien como usted los bosques de Galicia. ¿Cómo lo puede explicar, siendo manchego? José Luis Cuerda: Galicia ha sido mucho mejor retratada por los excelentes literatos que ha tenido a lo largo de su historia, con una cámara mucho más sugerente, que es la de las letras. A lo mejor la atracción que Galicia ejerce sobre mí es por contraste con mi tierra manchega, que es todo lo contrario.
Precisamente, ¿cuáles son los atractivos y contrastes de una y otra región? Si somos serios, tenemos que decir que sus atractivos están en sus habitantes. En lo que se refiere a paisaje y temperatura, en Galicia yo he encontrado calidez en ambos ámbitos. Hay en Galicia zonas del interior, concretamente en la provincia de Orense y en el Ribeiro, donde yo me siento como en el paraíso. Tengo entendido que los emperadores romanos premiaban a sus centuriones regalándoles una finca en Galicia, y no me extraña en absoluto. En Albacete, lo que más se encuentra uno es su propio destino, al menos en la zona que rodea la capital de provincia, donde yo nací, porque si por las noches te pones en un punto cualquiera de los cien kilómetros de llanuras a la redonda, te encuentras rodeado por una quesera de estrellas en la que tú eres un pequeñísimo poste. Vaya a donde vaya uno se siente bastante solo. Aunque hay que puntualizar que el conjunto de la provincia tiene una parte valenciana, una parte andaluza y una parte manchega; los contrastes de su paisaje son enormes, Albacete es una tierra muy mal conocida, y en esa variedad tiene un gran atractivo.
¿Cómo definiría la magia de los bosques gallegos? Un bosque por definición es un microcosmos, un imago mundi, un lugar en el que la vida con todas sus circunstancias se puede encontrar en un pequeño espacio de metros: el agua, el fuego, vegetación variadísima. La magia que puedan tener los bosques, como todo lo que está más allá de la mera percepción física, la tienen que poner la imaginación, los sentimientos.
¿Qué es lo que más le gusta de Galicia, qué echa de menos cuando no está allí? La gente de la que me he rodeado, el aire, la temperatura, las cosas que veo, el arte que atesora, imposible de catalogar por su cantidad. Yo me he hecho una casita en el Ribeiro y en 20 minutos a la redonda tengo mucho románico rural, barroco, tres o cuatro monasterios, estoy a una hora de Santiago u Orense, y a una hora de las playas de Pontevedra. Cuando uno tiene todo eso al alcance de la mano se siente en el mejor de los mundos.
¿Y desde el punto de vista gastronómico? Basan su sustento en el cerdo, el gallego ha sabido mimarlo hasta el extremo de que luego pueda ofrecer sus carnes más sabrosas durante la matanza, que suele hacerse en diciembre.
Es curioso que diga eso porque por lo general, al pensar en comer en Galicia, se piensa en marisco o pescado. Eso es la Galicia periférica, pero no hay que olvidar que los ribereños iban al interior a cambiar percebes por patatas. La gastronomía gallega tiene materias primas excelentes, su vacuno es buenísimo, el cerdo gallego es muy sabroso, saben hacer con ello guisos estupendos, muy simples, porque la riqueza de la materia prima permite disfrutar de la cocina gallega sin necesidad de elaboraciones complicadas. Si a esto añadimos que hay unos vinos deliciosos y variadísimos, allí uno puede engordar a placer.
¿Qué opinión le merecen las fiestas de pueblos? Tienen mucho sentido, cada vez se inventan más, y en Galicia no paran: la fiesta de la tortilla, del pulpo, del garbanzo, poco importa cuál sea el pretexto, se hace una fiesta y esa es la manera de fomentar el conocimiento entre la gente, es un medio estupendo para que la gente se junte, se divierta, baile, cante y grite, e intercambie información a veces útil en el sentido laboral. Antiguamente el componente mercantil era importantísimo, y había también un componente liberador, épocas del año en las que tras mucho trabajar convenía divertirse un poquito. Siempre ha sido válido ese pretexto, y sigue existiendo. Aunque a mí personalmente esos lugares de tanto alboroto no son los que más me gustan.
Usted ha contado que su abuelo saludaba a los presentadores de televisión, haciendo amalgama de lo real y de lo virtual. ¿Cree que uno se puede contentar con viajar a través de la televisión? El viaje físico me parece importantísimo para adquirir conocimientos, si bien es cierto que un buen documental en televisión puede darlos también. Pero yo creo que la televisión anima más a moverse que a quedarse quieto, y lo digo en dos sentidos: uno por lo mala que suele ser, y otro porque hay cosas que ves en ella y dices "eso yo lo quiero conocer".
¿Cómo son los verdaderos viajeros? En los viajeros se dan todas las variedades del comportamiento, se viaja con todas las motivaciones con las que se mueve el ser humano: se viaja para disfrutar o para hacer negocios. El disfrute, la adquisición de conocimientos que se hace en cada viaje, depende de cada uno, de las cosas a las que es permeable cada tipo de persona. |