Noches mágicas en San Petersburgo Por Sophie Loueyraud
San Petersburgo se distingue de las demás ciudades rusas por su tropismo occidental, aunque conservando al mismo tiempo un indiscutible encanto eslavo. Ahí es donde radica su ambigüedad dentro del paisaje ruso y su poder de seducción. La ciudad es una auténtica maravilla, sobre todo desde que ha recuperado su magnificencia gracias al impulso de uno de sus hijos más ilustres: Vladimir Vladimirovitch Putin, nacido allí en 1952. Sabia mezcla de naturaleza y belleza clásica, el visitante puede admirar sus palacios, sus canales que recuerdan, obviamente, a los de Venecia y que pueden recorrerse en barco, sus puentes antiguos y el imponente Neva que, tras surcar la mitad del país, acaba aquí su singladura, desembocando en el golfo de Finlandia.  La Plaza del Palacio © S. LoueyraudLas citas ineludibles de San PetersburgoEl hecho de haber sido desposeída de su título de capital revolucionaria a principios de los años 1920 preservó a la ciudad de los desmanes del estalinismo. El centro histórico, por ejemplo, permanece intacto desde la revolución de 1917. Parece como si el tiempo se hubiera detenido en San Petersburgo, confiriéndole esa atmósfera tan particular. Para descubrir toda su belleza, lo ideal es pasearse a lo largo de sus canales y de sus antiguas calles para admirar el increíble despliegue de palacios de deslumbrantes colores. El Palacio de Invierno es, sin duda, el más famoso. Actualmente, forma parte del Museo del Hermitage, uno de los más grandes de Europa. Cuenta con telas de los maestros más aclamados de Europa, desde la Edad Media hasta el XIX, y más concretamente, con una impresionante colección de cuadros impresionistas franceses. Aunque la fachada que da al río Neva es admirable, no deje de rodear el edificio para admirar la Plaza del Palacio y el Arco que se alza frente a la fortaleza. Menos conocido, el Palacio Yusupov le sorprenderá pos sus salas que muestran un exquisito refinamiento, especialmente la sala oriental o su pequeño teatro privado. El Palacio de Miguel, sede del Museo Ruso, le hará revivir la historia de San Petersburgo a través de sus pinturas. © S. LoueyraudLa naturaleza hace sentir su presencia en el centro histórico, brindándonos unos momentos de quietud y de gusto por la vida. Muy cerca del Museo Ruso y del Campo de Marte, el Jardín de Verano es un remanso de paz con sus cisnes y sus avenidas de estatuas. Está bordeado por el río Fontanka, en cuyas riberas se alzan los numerosos palacios construidos por la aristocracia rusa. Inconfundible por su fachada rosa, el palacio de Miguel, por ejemplo, fue la residencia del Emperador Pablo I. Merece también la pena, darse una vuelta por el puente Panteleimon, frente al palacio, para descubrir más abajo del muelle, el pájaro dorado Tchijik-Pyjik, sobre el que se agrupan los turistas rusos para pedir un deseo, que se cumplirá si consiguen tocarlo lanzándole una moneda. San Petersburgo, ¿en invierno o en verano?El ambiente de la ciudad cambia completamente de una estación a otra. ¿Siempre ha soñado con el invierno ruso y sus paisajes nevados? Entonces, no dude en pasar allí una Nochevieja mágica. Los colores de los palacios destacando sobre el fondo nevado nos sumergen en la atmósfera de un cuento de hadas. Podrá dar paseos en troika (trineo tirado por caballos), o entrar en calor probando las distintas variedades de vodkas rusos (que hay que beber con prudencia), o esas especies de tortitas que los rusos llaman Blini. Si los grandes fríos le asustan, decídase por la época de las «Noches Blancas» o los meses de agosto y septiembre. Tendrá ocasión de descubrir la belleza de los jardines y fuentes, y podrá dar paseos en barco por el golfo de Finlandia o el Neva.  La iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada © S. LoueyraudSan Petersburgo está repleto de iglesias y catedrales que pudieron escapar al funesto destino de sus hermanas moscovitas. Podrá admirar la iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada (o de la Resurrección de Cristo), erigida en memoria del zar Alejandro II en el lugar donde fue asesinado, y cuya miríada de colores nos trae a la memoria la imagen de su prima moscovita de San Basilio. Acérquese para observar de cerca las tablas que representan distintos episodios de la vida del zar liberador. Cerca de allí, el jardín de Miguel, con su excepcional reja de extraordinario trabajo, resulta muy agradable para pasear cuando aprieta el calor, saboreando un helado de vainilla. Siga el ejemplo de los turistas rusos y suba las escaleras de la catedral de San Isaac para gozar de una impresionante vista de la ciudad. Puede hacer una pequeña parada en el mercado de recuerdos que hay debajo, frente al hotel Astoria. Alejándose algo del centro de la ciudad, veremos aparecer a lo lejos las fachadas azules del complejo Smolny. Si desea tener una visión novelesca de la ciudad, puede visitar la casa museo de Dostoievski, que hace esquina con las calles Dostoievski y Kuznechny pereulok (estación de metro de Vladimirskaïa). Aproveche la visita para admirar también la iglesia de Nuestra Señora de Vladimir. La casa museo de Pushkin está en el barrio del Hermitage. © S. LoueyraudLa magia de las noches blancas (del 24 de mayo al 20 de julio)Las «Noches Blancas» duran desde finales del mes de mayo hasta el 20 de julio. La situación geográfica de San Petersburgo, muy septentrional (59°57 de latitud Norte), hace que los días se alarguen mucho al acercarse el verano y la ciudad quede en penumbra durante unas horas. Durante esas horas se celebran infinidad de festivales y también es posible contemplar la famosa «subida» de los puentes: Piter ha conservado hasta nuestros días su función de puerto de mercancías y los barcos, que esperan pacientemente para entrar en la ciudad, están autorizados a cruzarla durante la noche. Multitud de curiosos asisten, todos los días, a esta tradicional demostración de mecánica centenaria. Pero, tenga cuidado, no vaya a quedarse «encerrado» en una parte de la ciudad, ya que el acceso de los peatones a los puentes no vuelve a permitirse hasta las primeras horas del día... Calendario de festejos- Día de la Ciudad: 27 de mayo. - Festival Internacional Estrellas de las Noches Blancas organizado por el teatro Mariinski. - Festival Internacional Olympus (musical): del 25 de mayo al 2 de junio. - Festival de la Cerveza: del 1 al 30 de junio. - Festival de Festivales: del 23 al 29 de junio de 2008 (festival internacional de cine). Para sumergirse de lleno en la vida de San Petersburgo, le recomiendo asistir al Día de la Ciudad (Den’ goroda): se organiza un gran desfile por las principales arterias de la ciudad, cerradas al tráfico, mientras un alegre gentío inunda las calles decoradas con vistosas banderolas. Estatua de Pedro el Grande © S. LoueyraudSan Petersburgo hoy en díaLa modernidad y el desarrollo económico se hacen muy patentes en la ciudad. Las tiendecitas de toda la vida han sido sustituidas por supermercados o bares de moda. Todavía es posible, sin embargo, ver antiguos edificios construidos como kolodets («pozos» en ruso) de diez pisos de altura, a los que se añadieron durante el siglo pasado ascensores de fortuna. La perspectiva Nevski –los Campos Elíseos peterburgueses–, que hace apenas una década ofrecían un espectáculo lamentable del vacío postsoviético, alberga actualmente las tiendas de las marcas más en boga de la moda europea, así como antiguos hoteles particulares, recientemente renovados. En diez años, la ciudad ha abandonado sus mercados cubiertos en beneficio de las grandes superficies. Los jóvenes peterburgueses, que exhiben sus aparatos electrónicos, su ropa a la última y sus piercings, le recordarán que Rusia ha sufrido una transformación radical, y que hoy en día experimente una revolución vertiginosa de sus costumbres y su economía, iniciada a finales de los años 1990. Aunque las desigualdades en el seno de la población rusa siguen estando presentes, lo que más llama la atención es la nueva riqueza de la clase media y alta. Los apartamentos comunitarios del centro, una especie de pisos compartidos a la soviética, están siendo adquiridos poco a poco por la nueva burguesía, que también construye ricas residencias en las afueras de la ciudad. Esta tendencia perjudica a las familias más modestas, que todavía podían alquilar una habitación en el centro a un precio asequible, pero permite sin embargo la restauración de los edificios más antiguos por parte de los nuevos propietarios. Las especialidades culinariasSi acude a un restaurante, disfrute de la gran selección de pescados ofrecida por la proximidad del Báltico. El caviar, negro (esturión) o rojo (salmón) no faltará a la cita, pero no dude en probar la fritura de koliouchka, pescaditos que se toman con mayonesa. Para una comida rápida, pruebe los pirojki, panecillos rellenos de carne o verduras, o bien los blini que se bañan con miel o leche condensada. La tarta de miel (medovy tort) es excelente, y también puede probar la tradicional kartoshka (patata) muy apreciada por los rusos, aunque algo pesada. Para desayunar pida syrniki, requesón frito, o kefir, tradicional leche fermentada que hoy es posible comprar en el supermercado. Si desea pedir un vaso de vodka, fíjese bien en la cantidad que le ofrecen ya que existen varios tamaños de vaso, que deben beberse de un solo trago, pero, por favor, evite estrellarlos al acabar: esta tradición ha pasado completamente de moda… Haga como los rusos y tómelo con un trozo de pan negro y arenque marinado. La tradición exige hacer un brindis con cada vaso. Dónde comer Si busca una buena relación calidad-precio, le recomiendo el café Elvis (cadena el Caméléon) cerca de la estación de metro Tchernychevskaïa. A pesar de que el ambiente es más americano que ruso, su cocina ofrece, no obstante, excelentes especialidades tradicionales. Pruebe el borsh (sopa de remolacha), la ensalada Shouba pod seldoï y los blinis. Aproveche para visitar la catedral situada un poco más lejos, en la plaza Radichev. Los palacios de veranoA las puertas de la ciudad se alzan las residencias estivales de los zares. En esos palacios, construidos apartados del bullicio urbano y, normalmente cerca del agua, es fácil entender el placer que experimentaban allí los soberanos, lejos de los asuntos de Estado. La serenidad y la plenitud que nos embargan entre sus paredes, compensaban sin duda la animación de las recepciones y de la corte petersburguesa. © S. LoueyraudPeterhof, una maravillosa consecución de Pedro el Grande Peterhof, apodado con frecuencia el Versalles ruso por los franceses, rivaliza con éste último por sus fuentes y ornamentos al aire libre. La llegada en barco resulta impresionante y ofrece una vista impagable de la famosa fachada y de la fuente principal, que deja al visitante boquiabierto. El palacio alberga magníficas salas totalmente restauradas, entre las que destacan dos pequeños gabinetes chinos originales, repletos de objetos de arte oriental, que me han impresionado especialmente. Después de visitar Versalles, Pedro el Grande contrató a Jean-Baptiste Leblond, pupilo de Le Nôtre, para diseñar los jardines de su palacio. El resultado fue incluso mejor de lo esperado: los jardines, decorados con un total de 150 fuentes, son simplemente magníficos y superan con creces a su equivalente versallesco. La cascada del Tablero de Ajedrez o las fuentes sorpresa que mojan a pequeños y grandes impresionan por su perfección y la singularidad de sus formas (el Paraguas, la Encina, los Pinitos). Mi lugar preferido en Peterhof, lejos de los fastos del palacio y de los jardines, es la pequeña iglesia del pueblo, consagrada a los santos Pedro y Pablo, un poco apartada de la residencia imperial. Sin turistas ni guías, encontramos allí un verdadero remanso de paz. Le aconsejo acercarse hasta allí y sentarse en uno de los bancos, como las babushkas locales, para dejarse invadir por la plenitud del lugar iluminado por un rayo de sol (si es mujer, no olvide cubrirse la cabeza con un pañuelo para respetar la santidad del lugar). © S. LoueyraudTsarskoïe Selo (o Pushkin): el palacio de verano de Catalina II Otra residencia notable es Tsarskoïe Selo («la aldea de los zares») que destaca en medio de la campiña petersburguesa. Destruido y quemado, en gran parte, por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, al igual que Peterhof, el palacio Catalina debe su salvación a las precauciones tomadas por los soviéticos que, antes de la llegada de las tropas enemigas, desmontaron la mayoría de los paneles de madera que constituían la decoración interior del palacio. Algunas fotografías y descripciones al inicio de la visita recuerdan este pasado turbulento. Ahora, y gracias a un considerable trabajo de restauración a cargo del Estado ruso desde hace varios años, los diversos salones deslumbran con sus colores y dorados. La Cámara del Ámbar, totalmente reconstruida hace poco, permite admirar el lujo de antes de la guerra y hacerse una idea del delicado trabajo de los artesanos del zar. © S. LoueyraudA diferencia de la decoración un tanto «llamativa» de Peterhof, Tsarskoïe Selo muestra toda la simplicidad de una residencia de campo… llena de dorados y riquezas, de acuerdo. Los jardines, tan perfectos y estudiados en Peterhof, nos sumergen aquí en plena naturaleza, con estanques, puentes de madera y senderos de tierra. Un lugar ideal para airearse lejos del sofocante calor de la ciudad y compartir la vida cotidiana de los rusos que acuden allí en busca de quietud. Es fácil dejarse llevar por el encanto de esta naturaleza exuberante, del lago y los pabellones asiáticos, aunque muchas de las edificaciones se encuentran en bastante mal estado. Para recorrer el parque se tarda toda una tarde. Verá el Palacio Alejandro, donde el zar Nicolás II y su familia pasaron sus últimos meses. Tsarskoïe Selo es también conocido porque el famoso poeta y novelista Alexander Pushkin estudió allí de 1811 a 1816 (el pueblo lleva también su nombre, de hecho). Después de la visita, recorra el recinto para ver su liceo, la iglesia anexa y el patio de la fortaleza que no está abierto al público. Hay otros palacios que vale la pena conocer y puede dedicar perfectamente todo un día a visitar cada uno, descubriendo así al mismo tiempo la campiña rusa: Oranienbaum, Gatchina o Pavlosvk, el palacio de Pablo I. Si su bolsillo se lo permite, y dispone del tiempo suficiente, realice el crucero San Petersburgo-Moscú, ofertado por numerosas agencias de viaje. Visitará las ciudades más antiguas de Rusia, especialmente Ouglitch, Kostroma e Iaroslavl. Información prácticaVisado: obtener un visado para Rusia es bastante difícil si pretende viajar por su cuenta. Opte por hacer una reserva en un hotel que le extenderá la invitación necesaria para conseguirlo, o contrate un viaje organizado. Embajada de Rusia 40-50, boulevard Lannes 75116 París TEL.: 01.45.04.05.50/40.30 Café Elvis 56/13 calle Maïakovski TEL.: (812) 273-67-97 Visita de iglesias Es necesario cubrirse la cabeza con un pañuelo, en el caso de las mujeres, y estar correctamente vestido en el de los hombres. Peterhof Tome uno de los transportes rápidos que salen del centro de San Petersburgo y que le dejarán directamente en el embarcadero del palacio. Existe también un tren, además de un autobús que sale de San Petersburgo, y que le deja en el pueblo, a la entrada del palacio. Tsarskoïe Selo Es posible ir en tren (élektritchka) desde San Petersburgo (2 h), pero puede resultar complicado si no habla ruso. Es mejor dirigirse a una agencia de turismo local. |