| | | Malta, una isla sometida a toda clase de influencias Por Georges Rouzeau¡Una isla perdida entre Sicilia, Túnez y Libia, una roca mística abrasada por el siroco sahariano, cedida por Carlos Quinto a los Caballeros de la Orden de San Juan y donde se habla un idioma sabroso con mezclas arábigas, pero que se escribe en caracteres latinos! Bienvenido a Malta donde exotismo y extrañamiento no son palabras vanas. Su posición geográfica única a las puertas de Oriente la ha convertido en encrucijada de numerosas civilizaciones: de los fenicios a los griegos, de los árabes a los normandos, de los romanos a los sicilianos…, todos se han disputado esta isla estratégica. Sin embargo, Malta forma indiscutiblemente parte de Europa. Por su estatus de ex colonia inglesa independizada en 1964 que ha entrado en la zona euro el pasado uno de enero. También por su cristianismo inveterado: fue en Malta, efectivamente, donde San Pablo naufragó volviendo de Creta. Finalmente, por la presencia ininterrumpida, de 1530 a 1798, de los famosos Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén (u Orden de Malta). Con la sonrisa en los labios, Trudy Grech, nuestra guía, afirma incluso que se trata de la «primera comunidad europea antes de tiempo». Efectivamente, todas las «nacionalidades» cohabitan armoniosamente en la isla, ya que los Caballeros fueron reagrupándose progresivamente en ocho «lenguas», es decir en ocho agrupaciones de prioratos nacionales. Todavía hoy, el poderío de sus respectivas hospederías –suntuosos palacios barrocos– impresiona al visitante.
El territorio maltésDe las 9 islas que forman el archipiélago, sólo hay 4 habitadas (Malta, Gozo, Comino y Manoel). Las otras 5 (Cominoto, Filfla, las dos islas San Pablo y la Roca Fungus) están desiertas. © G. Rouzeau/ViaMichelinLa construcción de planta cuadrada, directamente influida por el espíritu militar de los monjes soldados, de la ciudad de La Valeta no mide más que 600 m. por 1000 m. Tarde o temprano, todas sus calles acaban desembocando en el mar… La capital de Malta fascina, de entrada, por su mezcla de religiosidad y elegancia, de arquitectura barroca y de austeridad militar, revestida de esa piedra caliza blanca que va transformándose en rosa a la caída del crepúsculo. Delante de la puerta de entrada principal, los autobuses naranjas y amarillos de Leyland aguardan pacientemente; las cabinas telefónicas rojas nos recuerdan a Londres; los bastiones militares evocan una historia de fragor y furor; los gentlemen ingleses, con sus blazer azul marino de botones dorados y sus sonrosadas mejillas, se mezclan con los malteses de cabellos oscuros y tez curtida por el sol del mediterráneo. El ambiente llama la atención por su «sicilianidad»: los primos italianos reinaron en Malta durante varios siglos. © G. Rouzeau/ViaMichelinLa ValetaDe entre los tesoros de la ciudad (que cuenta con la mayor concentración de monumentos históricos del mundo), la Concatedral de San Juan ocupa por méritos propios el primer lugar. Sobre todo, porque su austera fachada renacentista no deja traslucir nada de la exuberancia barroca que aguarda al visitante en el interior. Si baja los ojos verá el suelo enlosado con las sepulturas de mármol policromado de los 374 caballeros enterrados en el recinto, que componen una marquetería divina; si los levanta, podrá contemplar los frescos del calabrés Mattia Pretti que relatan esplendorosamente la historia de San Juan Bautista. Las capillas rivalizan entre sí en rococó y manierismo, con su exuberante despliegue de monumentos funerarios de mármol negro, de bustos de mármol blanco y de columnas salomónicas. El oratorio cobija dos telas de Caravaggio, dos obras maestras, San Jerónimo escribiendo y la Degollación de San Juan Bautista –el único cuadro firmado nunca por el maestro. Acusado de asesinato en Roma, este pintor genial se refugió en Malta, acogiéndose a la protección del Gran Maestre Alof de Wignacourt. © G. Rouzeau/ViaMichelinEl palacio de los Grandes Maestres, por su parte, es una muestra palpable del fasto y el poderío del que gozó el reino de estos monjes soldados, adulados por las testas coronadas de toda Europa. Dos magníficos patios interiores permiten acceder a las diferentes estancias y salones de aparato. Aquí es donde el Presidente de la República maltesa recibe a las visitas oficiales. De todas las hospederías de los Caballeros, la Hospedería de Castilla, León y Portugal es sin duda la más hermosa, con su majestuoso porche de entrada con columnas y su macizo frontispicio bellamente decorado. Actualmente sirve de residencia al Primer Ministro. Justo al lado, es agradable pasear por los Jardines Barraca, construidos sobre las murallas de la ciudad. Suspendidos entre el cielo y el mar, dominan todo el puerto de la Valeta y las Tres Ciudades. Otros lugares de interésCasa Roca Picola No es posible irse de La Valeta sin traspasar el umbral de esta mansión señorial, donde es muy posible que quien le reciba sea el 9º Marqués de Piro en persona, Caballero de Malta y Barón de Budach. Una ocasión única de visitar un palacio que ha seguido cumpliendo su función de morada y habitado por la misma familia desde hace 200 años. La visita guiada en inglés, animada y llena de ingenio, nos conduce a través de las ricas colecciones de esta familia: pinturas (entre las que destaca un Mattia Preti), muebles (el aparador más antiguo de toda la isla de Malta, por ejemplo), vajillas y numerosos recuerdos de familia. El Museo Nacional de Arqueología Instalado entre las paredes de la Hospedería de Provenza, el Museo Nacional de Arqueología exhibe piezas extraídas de las abundantes excavaciones arqueológicas de Malta, como las de Tarxien o Skorba. La «pieza maestra» del Museo es la famosa Venus de Malta, una estatuilla que representa una diosa de la fertilidad. El Museo de Bellas Artes Deliciosamente anticuado, al Museo de Bellas Artes no le vendría mal, de todos modos, un pequeño «lavado de cara», y tampoco a algunos de los hermosos cuadros que acoge entre sus paredes. Posee, por ejemplo, dos paisajes de ruinas de Monsù Desiderio, seudónimo tras el cual se parapetaban François de Nomé y Didier Barra, dos pintores nacidos en Metz a finales del siglo XVI, e instalados en Nápoles durante la primera mitad del XVII. Es también el lugar ideal para ampliar sus conocimientos sobre el maestro calabrés Mattia Preti, que fuera pintor de cámara de la Orden de Malta. Desgraciadamente, muchas de sus obras tienden a cierto «tenebrismo»: ¡el colmo para este pintor adscrito a la escuela veneciana que no es un caravaggista! © G. Rouzeau/ViaMichelinUna belleza mineral: la ciudadela de Mdina¡El más resplandeciente diamante de la corona maltesa! Fundada por los fenicios, bautizada con el nombre de «Medina» por los Árabes, la primera capital de Malta fue la sede del gobierno y de la nobleza antes de la llegada de los Caballeros. ¡Cuánta elegancia y cuánto silencio descansan entre los muros de sus fortificaciones! Los palacios, las iglesias y las mansiones nobiliarias se suceden al borde de sus tortuosas callejuelas que remiten a sus orígenes árabes. Que los fotógrafos preparen sus objetivos… Palazzo FalsonNo dude en pagar los 10 € que cuesta le entrada a este magnífico palazzo, no lo lamentará. Construido en 1495 en estilo sículo-normando, el palacio, soberbiamente restaurado, alberga una impresionante riqueza de objetos, que van desde la plata maltesa a los cuadros de Poussin, pasando por un reloj francés de la época de la Revolución. © G. Rouzeau/ViaMichelinMarsaxlokk, un pueblo de pescadoresSegundo puerto natural de Malta, Marsaxlokk asistió sorprendido al desembarco de la flota otomana, un buen día de 1565, inicio del famoso Gran Sitio que acabó con la debacle de la armada del Pachá. También Napoleón eligió esta bahía para fondear sus naves antes de llevar la Revolución francesa a los hogares malteses. Este pueblo de pescadores, pintoresco donde los haya,se visita los domingos, día de celebración del gran mercado. Allí es donde compra Pippa Mattei, toda una autoridad en materia de cocina maltesa (presenta un programa de cocina en la cadena nacional). Los malteses acuden en masa para disfrutar de un largo y copioso almuerzo a base de marisco y pescado. Con sus vivos colores y la proa decorada con el ojo de Isis que los protege contra la tempestad, las barcas tradicionales maltesas (luzzu) se balancean pausadamente en la bahía, mientras en el muelle, los pescadores cosen apaciblemente sus redes o retocan la pintura del casco de sus embarcaciones. © G. Rouzeau/ViaMichelinCottonera o las tres ciudades: Vittoriosa, Senglea y CospicuaYa ha podido contemplarlas en todo su esplendor desde las alturas de los Jardines Barraca, que coronan las fortificaciones de la Valeta. Sus tres ciudades se distribuyen en otras tantas penínsulas rodeadas por las azules aguas del Mediterráneo. Reciben, a veces, el nombre de Cottonera, por el Gran Maestre Nicolas Cottoner (1663-1680) que mandó construir las impresionantes murallas defensivas que pueden verse al este, además de fuertes y fortificaciones por todas las islas. Hoy en día, las tres ciudades destilan un poderoso encanto mineral, que remite al Desierto de los Tártaros de Dino Buzzati. Sin embargo, algunas de las más feroces batallas de la historia de Malta se desarrollaron en estas ensenadas de aguas profundas, como el asedio turco de 1565. Durante la Segunda Guerra Mundial, Vittoriosa, Senglea y Cospicua fueron bombardeadas a diario: se dice que las tres ciudades, que albergaban las dársenas de la marina británica y parte de su flota, recibieron en un solo día la misma cantidad de bombas que Londres durante toda la guerra. Trudy Grech nos confirma este extremo: «Sin la Segunda Guerra Mundial, las tres ciudades, y sobre todo Vittoriosa, formarían parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad». No deje de visitar el Museo Malta at War cuyas galerías excavadas en los muros de las fortificaciones son una muestra estremecedora de este período. © G. Rouzeau/ViaMichelinEstas bellas ciudades dormitorio y portuarias, que no suelen figurar en el programa habitual de los turistas, conservan no obstante interesantes vestigios. Sobre todo Vittoriosa, que hemos recorrido. En este pueblo de pescadores fue donde desembarcaron los Caballeros de la Orden de San Juan en 1530. En esta ciudad de 800 m por 400 m, hay que dejarse llevar por el laberinto de sus callejuelas llenas de encanto y bordeadas de plantas. Una serie de placas indican el emplazamiento de las hospederías de los Caballeros que ofrecían comida y albergue gratuitos a los peregrinos. También es posible visitar el Palacio del Inquisidor (los Caballeros eran bastante turbulentos), la Iglesia de San Lorenzo (primera iglesia conventual de los Caballeros) que exhibe un obra maestra de Mattia Preti, o el Oratorio de San José donde se conservan el sombrero y la espada del Gran Maestre Jean de la Valette. La plaza de la Victoria conmemora la derrota de las 180 galeras turcas cargadas con 40.000 soldados durante el sitio de 1565. Tras esta terrible batalla, Jean de la Valette decidió construir una plaza fuerte inexpugnable que llevaría su nombre. Más abajo, en los muelles, la antigua panadería naval de la Corona de Inglaterra, construida en 1840, alberga un interesante Museo Marítimo (Maritime Museum), con anclas romanas, embarcaciones de pesca tradicionales y maquetas de buques ingleses. Para no echar en saco rotoParedes encaladas, baldosas blancas, mesas y sillas de madera: las tres salas escalonadas de Rubino apuestan por la desnudez…, para poder concentrarse mejor en su cocina, una sabrosa mezcla de especialidades maltesas, sicilianas y mediterráneas. El primer indicio de la calidad y la frescura de los productos es que ¡no hay carta! El camarero canta los platos, que cambian casi todos los días. Hoy, por ejemplo, tenemos de entrada una estupenda sopa de calabaza al parmesano, clara pero deliciosamente especiada, o un cremoso risotto de setas; una pierna de cordero asada en su punto; y, de postre, une cassata siciliana que tira de espaldas, un dulce divino, legado por los árabes a Malta y Sicilia. Evidentemente, es indispensable reservar para lograr una mesa, junto a una clientela compuesta por empresarios y turistas. Rubino 53 old Bakery Street, Tel. 21 224 656
Información prácticaOficina de Turismo de Malta Hotel Corinthia San Gorg St Georges Bay, St Julian’s Como muchas otras cadenas hoteleras de lujo, el Hotel Corinthia San Gorg se encuentra en el barrio de San Julián, donde abundan también los restaurantes. El hotel consta de bonitas habitaciones con vistas al mar, un spa y una piscina cubierta. El litoral, muy escarpado y quebrado, no ofrece ninguna playa digna de este nombre, pero existen numerosos complejos deportivos y turísticos, así como una sorprendente abundancia de urbanizaciones. Museo Malta at War Palazzo Falson ¿Cómo llegar? Air Malta Aeropuerto Internacional de Malta | | | |