Templo de Debod: el Antiguo Egipto en el centro de Madrid
España, Madrid
29-09-2008

Por Maria Casado
Hace más de 2.000 años los faraones pisaron estas piedras para adorar y hacer ofrendas a sus dioses. Hoy, este magnífico edificio situado en pleno centro de Madrid es uno de los más bellos testimonios del Antiguo Egipto en nuestro país, un auténtico lujo al alcance de la mano.



© Maria Casado

Situado en lo alto de la montaña de Príncipe Pío, en un extenso parque y con unas increíbles vistas de Madrid, el Templo de Debod desprende una majestuosidad que atrae las miradas de todo aquel que pasea por sus alrededores. Su arquitectura guarda la simetría propia de las construcciones religiosas del Antiguo Egipto. La entrada está flanqueada por dos grandes portales de piedra o pilonos situados sobre un pequeño lago artificial, que dan paso al templo, cuyo interior alberga auténticas joyas de la Tierra de los Faraones.
 
Si viene a Madrid, le aconsejo que incluya este monumento en su ruta, seguro que le sorprenderá. Cualquier momento es idóneo para visitarlo: de día puede acceder al interior y entrar prácticamente a la totalidad de sus estancias, además de disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad. Y de noche sus piedras desprenden una magia especial y se convierten en escenario de uno de los atardeceres más bellos de Madrid.
 
Originalmente el Templo de Debod estaba situado al sur de Egipto, en un pueblo del mismo nombre en la baja Nubia, muy cerca de la primera catarata. Según los testimonios históricos, este santuario fue construido por el rey nubio Adijalamani de Meroe hacia el año 200-180 antes de Cristo, el cual levantó una capilla dedicada al dios Amón, principal divinidad de la religión egipcia, y a Isis, diosa de la magia y esposa de Osiris. Con el paso del tiempo, distintos reyes egipcios de la dinastía ptolemaica, así como emperadores romanos como Augusto, Tiberio o Adriano, construyeron varias estancias alrededor de la capilla y completaron el monumento hasta darle un aspecto muy parecido al actual.


© Maria Casado

Estancias sagradas y antiguos rituales

La capilla de Adijalamani es el elemento más antiguo del templo y una de las salas preferidas por los visitantes. Hoy día se conserva en su estado original y es posible visitarla, lo cual es un auténtico regalo para los amantes de la egiptología, el arte y la historia. La capilla es, además, uno de los pocos lugares donde aparece representado el rey Adijalamani, con imágenes en las que el monarca adora a los dioses y realiza distintas ofrendas. En sus paredes también pueden contemplarse hermosos relieves con escenas de culto divino e inscripciones referidas al dios Amón y otras divinidades como Osiris, Horus, Hathor o Anukis.
 
Otras estancias importantes del templo son el vestíbulo y la capilla del naos, lugar sagrado por excelencia que posee un altar dedicado al dios Amón de Debod. Ambas conservan magníficos relieves. Existen más capillas y salas secundarias que en la antigüedad servían para realizar ceremonias y para las procesiones del Año Nuevo Egipcio, como la terraza de la planta superior -actualmente cerrada al público- que los faraones utilizaban para exponer los dioses a los rayos del sol durante las celebraciones sagradas.
 
En la época del Antiguo Egipto, el Templo de Debod era considerado la “casa” de la divinidad, el lugar destinado a albergar y proteger al dios, al igual que ocurría con el resto de templos sagrados. Sólo el Faraón y sus sacerdotes podían entrar en el santuario para dirigirse a las divinidades y realizar ritos y ofrendas.
 
Las celebraciones y ritos más importantes tenían lugar todos los días al amanecer. Cada mañana, justo cuando el sol se elevaba en el horizonte, el sumo sacerdote era el encargado de abrir el naos, donde durante toda la noche habían permanecido encerradas las estatuas de Amón e Isis. Y cada mañana las estatuas eran lavadas, perfumadas, purificadas y adornadas en un complejo ritual. Durante el resto del día, tanto al mediodía como al atardecer, se realizaban otras ceremonias más sencillas en las capillas secundarias del templo, donde se guardaban imágenes de otros dioses.


© Maria Casado

Inundación y traslado a España

El año 1960 es uno de los momentos clave en la historia actual de Egipto. Ese año comenzó la construcción de la gran presa de Asuán, cuya finalidad era controlar las crecidas del Nilo que año tras año arrasaban cosechas enteras. La presa fue un gran desahogo para la economía egipcia, pero una auténtica amenaza para los monumentos nubios, muchos de los cuales quedaron sumergidos bajo las aguas. Entre ellos se encontraba el Templo de Debod, que permanecía inundado entre 9 y 10 meses al año.
 
Esta situación llevó a la UNESCO a poner en marcha una operación de rescate para localizar y trasladar más de veinte monumentos a zonas más seguras. Cuatro de ellos fueron donados a los países que colaboraron en el rescate, como fue el caso de España, que recibió como regalo el mayor y más importante de todos los santuarios que se encuentran fuera de Egipto: el Templo de Debod.
 
Las piedras del templo llegaron a España en 1970 y las tareas de reconstrucción duraron aproximadamente dos años. Durante ese tiempo un gran equipo de restauradores trabajó con el objetivo de conseguir “un templo vivo” que realmente evocara el Antiguo Egipto en medio de una gran urbe moderna. Dos años después, en 1972, pasado y presente se unían por fin,  y el Templo de Debod quedaba oficialmente inaugurado en el centro de Madrid.
 
En pleno siglo XXI y a miles de kilómetros de su tierra natal, el Templo aguanta altivo el paso de los siglos. Sus muros todavía miran estratégicamente de Este a Oeste, como en tiempos de los Faraones, una orientación perfecta para que los visitantes podamos disfrutar con la mágica visión de este monumento durante la puesta de sol.

Información de Interés:

Dirección: Paseo Pintor Rosales s/n (cerca de la Plaza de España)

Horario: De 1 de octubre a 31 de marzo: de martes a viernes de 9,45 a 13,45 y de 16,15 a 18,15 horas. Sábado y domingo de 10 a 14 horas. De 1 de abril a 30 de septiembre: de martes a viernes de 10 a 14 horas y de 18 a 20 horas. Sábado y domingo de 10 a 14 horas.
 
Precio: Gratuito
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